lunes, junio 21, 2010

Rememoran a Carlos Monsiváis en el Teatro de la Ciudad

En medio de música y poesía, familiares, amigos e intelectuales enaltecieron la figura del cronista mexicano. "No era un buscador de causas, las causas lo buscaban a él", coincidieron.

La Jornada


"La ciudad sigue de luto", fueron las palabras con las que el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, dio inicio al homenaje póstumo que el Gobierno del Distrito Federal organizó al escritor y periodista Carlos Monsiváis, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

"La ciudad no va a ser la misma sin Carlos Monsiváis, nos formó, nos ilustró, nos criticó y a veces nos acompañó. Lo vamos a tener siempre cerca y en nuestra ciudad vivirá para siempre", agregó el jefe de Gobierno.

Posteriormente fue la secretaria de Cultura del gobierno local, Elena Cepeda, la que ocupó el micrófono. Le siguieron Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del crítico fallecido; y Omar García, compañero de Monsiváis, quien dio lectura a un texto en el que advirtió que la historia de las causas perdidas "no es la historia de las derrotas sociales, sino la de la resistencia que alcanza, a corto o largo plazo, una que otra victoria".

En ese mismo escrito, el cronista enlistó una serie de causas y luchas sociales cuyo objetivo era alcanzar la igualdad, la justicia social y una sociedad con mayores libertades civiles.

El activismo de Monsiváis en favor de la diversidad sexual y la lucha contra el sida también fue destacado por Alejandro Brito, director del suplemento Letra S publicado por el diario La Jornada, quien recordó que el autor, con su inteligente sentido del humor, dijo que detentaba el récord de ser el activista del mayor número de causas que nunca han triunfado. Pero Carlos, recordó Brito, "no era buscador de causas, las causas lo buscaban a él".

Antes, el catedrático universitario José Luis Ibáñez, leyó algunos poemas. Elegía, de Salvador Novo; El perro de San Roque, de Ramón López Velarde, así como Nocturno y Elegía, de Emilio Gallagas, que termina con éstas palabras: "Si pregunta por mí, dile que habito en la hoja del acanto y en la acacia. O dile, si prefieres, que me he muerto. Dale el suspiro mío, mi pañuelo; mi fantasma en la nave del espejo. Tal vez me llore en el laurel o busque mi recuerdo en la forma de una estrella".

En su turno el periodista Jesús Ramírez Cuevas expresó que además de la pérdida del amigo, del intelectual, del amante del cine, la muerte de Carlos Monsiváis representa la pérdida de un ciudadano comprometido con causas libertarias. Por ello, señaló, no aceptó favores de los hombres en el poder, no aceptó la intolerancia ni la injusticia, la violencia o el odio como relación social.

Destacó que nunca consideró o aceptó la idea de que en este país la congruencia moral y ética fuera sinónimo de fracaso o derrota personal: si perdemos la capacidad de indignación, perdemos todo, sostenía.

El impulso de Carlos para la lucha social, mencionó Jesús Ramírez, era la indignación moral y la sensibilidad de dolor ajeno, y, haciendo gala de su ingenio, agregó, usó el humor como la mejor arma de su crítica implacable.

La urna con las cenizas de Monsiváis permaneció en el centro del escenario de dicho recinto -ubicado en la calle de Donceles, en el Centro Histórico.

Inicialmente se había manejado la información que las cenizas serían llevadas inmediatamente después al Museo del Estanquillo donde, al parecer, la familia del pensador ha decidido que reposen; sin embargo, Sergio Ortiz, director del mencionado museo, aclaró que será en una fecha posterior cuando, en una ceremonia, se haga el depósito de las mismas.

En el homenaje también participaron la antropóloga Marta Lamas, el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón, quien rescató una propuesta en algún otro momento ya manejado; la de renombrar la calle San Simón, donde se encuentra la casa que habitó el periodista, en la colonia Portales; como Monsiváis.

Asimismo, el flautista Horacio Franco, la cantante Eugenia León, Jesusa Rodríguez -caracterizada como un personaje de La Familia Burrón-, Liliana Felipe y Susana Harp.

El evento lo cerró la escritora Elena Poniatowska, quien de nueva cuenta, como lo hiciera en Bellas Artes ayer domingo, dio lectura al texto "¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?"

Las autoridades capitalinas dispusieron afuera del Teatro algunas pantallas para que los transeúntes pudieran ver la ceremonia

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Renuncia Rangel Sostmann al Tec de Monterrey

Luciano Campos Garza / Apro

Rafael Rangel Sostmann renunció este lunes a la rectoría del Tecnológico de Monterrey, después de permanecer 25 años en el puesto.

Doctor en ingeniería, de 69 años de edad, Sostmann afirmó que tomó esta decisión desde el año pasado, y aclaró que no actúa bajo presiones políticas ni imposiciones.

En marzo pasado, Rangel Sostmann encabezó una iniciativa de reforma de Seguridad Pública tras de la muerte de dos de sus alumnos en el campus de Monterrey, el pasado 19 de marzo, en medio de una balacera entre sicarios del narcotráfico y militares.

Rangel, quien seguirá en el puesto hasta que el Consejo encuentre un sucesor, lamentó que probablemente no alcance, como rector, el esclarecimiento de los asesinatos de los estudiantes Javier Francisco Arredondo y Jorge Antonio Mercado.

Fue el empresario Lorenzo Zambrano, presidente del consejo de la institución, quien hizo el anuncio esta tarde ante unos 200 directivos, profesores, alumnos, maestros y personal de mantenimiento reunidos en el auditorio de rectoría del campus central.

El propietario de Cementos Mexicanos señaló que en días pasados Rangel le solicitó retirarse de la rectoría para dedicarse a proyectos personales. El Consejo aceptó su decisión y le pidió que permaneciera en el cargo hasta que fuera encontrado un sucesor.

Zambrano dijo que un grupo de asesores externos ya se avocó a la tarea de encontrar la persona idónea para suceder a Rangel, sin que haya un plazo para encontrar al sustituto.

Rangel Sostmann, quien llegó al puesto en 1985, dijo que el año pasado tuvo un accidente y durante su recuperación reflexionó en la necesidad de pasar la última etapa de su vida junto a su familia y conociendo a sus nietos.

“Esto lo venía platicando desde hacía tiempo. Son cuestiones personales. Me pasé más tiempo del debido, pero fue un acuerdo que le había prometido al ingeniero (Zambrano) antes de todos estos incidentes que sucedieron (el asesinato de los estudiantes). No tuvo nada que ver eso”, dijo.

“No hubo ni presiones (políticas) ni amenazas. Ustedes saben que estamos todos amenazados, pero en lo personal no, no hubo nada de eso”, afirmó en conferencia de prensa posterior, donde dijo que “desaparecerá”, refiriéndose a que se retirará de toda actividad pública y académica.

Ahora, dijo, hará más ejercicio, leerá, dedicará más tiempo a su familia y se dará los gustos que nos e permitió en los últimos cinco lustros.

A mitad de la conferencia de prensa, Rangel se levantó de la mesa para recibir una llamada telefónica, que, según explicó minutos después, al regresar con los reporteros, era del presidente Felipe Calderón, quien le llamó para verificar la noticia.

“Le dije lo mismo que ustedes y se mostró un poco incrédulo, como ustedes”, dijo.

Durante su gestión, el rector nacido en Chihuahua creó 14 nuevos sedes y la universidad virtual, así como 32 campus del Tec Milenio. En su administración la población estudiantil creció de 33 mil a 122 mil 540.

Antes de despedirse, Rangel señaló que seguirá exigiendo, en el resto que le queda como dirigente de la casa de estudios; y después, desde su retiro, que sea resuelto el crimen de los dos alumnos.

Asimismo, consideró que la iniciativa que emprendió para reformar el sistema de seguridad del país, demorará años en consolidarse, aunque se dijo esperanzado en que continúe.

“Le tenemos que dar continuidad a esto (la ley de seguridad) por años. Es de largo plazo. Como ciudadano debo seguir solicitando y mientras siga de rector, abiertamente, para tomar conciencia por el bien de todos para que se esclarezcan los hechos y si no se hace, las instituciones se debilitan”, afirmó.

Sobre el mismo tema, Zambrano dijo que como institución el Tec demandará que sean esclarecidos los hechos donde murieron sus alumnos; y también le darán seguimiento a la propuesta de seguridad que llevó Rangel al Congreso de la Unión, con propuestas de alumnos y de la sociedad civil.

“El programa de seguridad que el Tec ha propuesto es institucional y el Tec lo seguirá. Los muchachos que murieron en el incidente tan triste son alumnos del Tec, y de manera institucional el Tec pedirá que se esclarezca esto”, complementó.

Los días más violentos

Vivimos los días más violentos del sexenio. Los medios de comunicación llegaron a contar, en un solo día, hasta 68 ejecutados en distintos estados de la República. Un triste récord. La sangrienta jornada elevó a casi 4,800 el número de muertes vinculadas con el crimen organizado en lo que va del año.

Francisco Garfias



Y la cuenta sube cotidianamente…

Esta realidad que vivimos obligó al primer mandatario a pronunciar, el martes pasado, un mensaje en cadena nacional, en el que cambió por completo el discurso, repartió culpas a diestra y siniestra. y llamó a la ciudadanía participar en el combate al crimen organizado, a través de la denuncia y la aportación de datos, pero sin dar garantías, al que lo haga, de que no ñe va a costar su vida o la de sus seres queridos. ¿Así cómo?

Felipe dijo si hay armas en México es por culpa de que se levantó la prohibición en Estados Unidos, y no por la corrupción en las aduanas, por donde esta transitan. Reconoció implícitamente que algunos estados y municipios están bajo control del crimen organizado, vía la intimidación o la corrupción que ejercen los carteles de la droga.

Ese día nos enteramos que dejamos de estar en “guerra” contra el narco. Ahora es una lucha no solo del Presidente de la República. “Es de todos”, destacó.

Sobran ejemplos para ilustrar la afirmación de que vivimos los días más violentos del sexenio. Una docena de policías federales fueron acribillados impunemente en Zitacuaro, Michoacán, por la llamada Familia, en respuesta a la captura de uno de sus jefes.

En Chihuahua fueron masacradas 27 personas en un centro de rehabilitación por las rivalidades entre chapos y zetas-beltranes. En un penal de Mazatlán masacraron a decenas de personas por las mismas razones. En Ciudad Juárez mataron a un alcalde; otra docena perecieron en enfrentamientos en Tamaulipas entre el Ejército y los narcos.

Hemos llegado a lo insólito. Hay narcobloqueos en Monterrey. Importantes vialidades bloqueadas en la industriosa ciudad, sin que las policías se atrevan siquiera a acercarse. O en Nayarit, donde tuvieron que adelantar el fin del ciclo escolar debido a la sicosis provocada entre padres de familia por los rumores de que habría una vendetta en colegios de Tepic, a causa de los enfrentamientos entre grupos criminales.

El Presidente tocó, en su mensaje, un punto neurálgico. El crimen organizado cobra de cuotas de protección o derecho de piso a ciudadanos honestos. Ningún gobierno lo puede permitir. Ese, reveló el presidente, fue el principal motivo por el que resolvió entrarle de frente a la lucha contra los carteles de la droga.

La violencia incontrolable comienza a despertar tentaciones de pactar con los criminales a cambio del retorno a la tranquilidad. Seria un tremendo error. El poder de las bandas se multiplicaría y acabaríamos, como advirtió alguna vez el visionario Gerardo Ruiz Mateos, secretario de Economía, con un narcopresidente.

Licencia para subrogar

Monero Manrique

¿Legalizar la mota? “No queda de otra”

Las autoridades mexicanas tienen el ojo puesto en el referendum sobre la legalización de la mariguana que se llevará a cabo en California el próximo mes de noviembre. Están convencidas de que el resultado será determinante para lo que suceda posteriormente en México, uno de los principales productores de la hierba.

Francisco Garfias


En la Unión Americana ya hay 15 estados que la legalizaron bajo el supuesto del “uso medicinal”. Otros 16 están en fila. La Casa Blanca puso su granito de arena. El presidente Obama ha repetido que respetará las leyes locales. Es decir, no hará nada contra los estados que decidan liberar su uso. “Si se mantiene la tendencia, a México no le va a quedar otra que hacer lo mismo”, vaticinan en la SSP federal.

El tema no es menor. El mercado de la mariguana representa 40 mil millones de dólares anuales. El 20 por ciento de ese total, 8 mil millones de dólares, se lo quedan los cárteles mexicanos. Los amigos de Genaro García Luna calculan que la legalización de uso de la mota implicaría una caída brutal del precio de la hierba, y menor violencia, en el corto plazo.

Son dos buenas razones para dar el paso y arrebatarles el negocio a los narcos. Pero también hay argumentos para oponerse. Quitar la prohibición dispararía, el consumo. Los chavos quedarían muy expuestos. “Se necesitaría echar a andar un programa muy serio contra las adicciones”, puntualizan las fuentes.

La información que tiene Seguridad Pública Federal es que los gobernados por Terminator votarán a favor de la legalización. Esto significa que no habrá más restricciones en California al uso y disfrute personal de la mota a los mayores de 21 años. El limite legal de posesión sería de 30 gramos por persona y el cultivo quedaría autorizado en parcelas que no superen los 2.3 metros cuadrados.
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Por cierto que la Cumbre Mundial Antidrogas tendrá lugar en Cancún, en el 2011. No hay fecha precisa, pero se calcula que podría realizarse entre los meses de marzo y abril. A esta reunión asisten los responsables de la seguridad pública de todo el orbe y su objetivo es discutir estrategias para combatir el fenómeno del narcotráfico. Los trabajos de la conferencia serán presididos por el mexicano Genaro García Luna, por tratarse del país sede.
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Recibimos un correo del gobierno de Veracruz. Lo firma Armando Quintero, uno de los voceros de Fidel Herrera. El texto confirma implícitamente la veracidad de las grabaciones difundidas por Excélsior –que exhiben al mandatario estatal como mapache electoral—pero afirma que hay un uso político-electoral del tema para desprestigiar al mandatario estatal y al PRI.

“Esto podría desembocar en una gran crisis institucional y constitucional, pues el escenario le es muy desfavorable al Presidente Calderón!!”, advierte el vocero de Fidel; y señala es gravísimo de que los servicios de inteligencia del CISEN y de la PFP anden en campaña política para favorecer al PAN.

El vocero anticipa que el escándanlo será un verdadero bumerang para el goibenro federal y que no tardará en revertirse con consecuencias muy serias para el país. “Quiénes grabaron al gobernador de Veracruz, sin orden judicial de por medio, están cometiendo delitos mayores que le costarán mucho a nuestra endeble democracia”, puntualiza el texto.

El escándalo, detonado por este diario, sigue al alza. En una nota publicada en su página de Internet, el PAN sostiene que los priístas hablan de espionaje para desviar la atención de lo importante, que es el desvio de los recursos puboicos a las campañas del tricolor.

“El PRI debería explicar por qué está desviando recursos, por qué no hay transparencia en el manejo del erario, por qué el gobernador está metido hasta los dientes en las campañas electorales y sin ningún pudor está dirigiendo las campañas de su partido”, subraya el texto, que recoge declaraciones de Guillermo Bustamante, representante de ese partido ante el IFE.
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Moraleja de la semana (cortesía de Jean de la Bruyere, escritor francés) Una cualidad de la Justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia.

World Cup: España ve más cerca los octavos de final tras ganar 2-0 a Honduras

Gabriel Rubio / AFP

JOHANNESBURGO — España ve un poco más cerca los octavos de final del Mundial de Sudáfrica, tras imponerse este lunes en Johannesburgo a Honduras (2-0), con un doblete de David Villa, mientras que el equipo centroamericano perdió muchas posibilidades de clasificación.

Villa, que había avisado ya en varias ocasiones, adelantó a España en el minuto 17 con un gran tiro desde la izquierda que se coló por la escuadra del portero hondureño Noel Valladares, y posteriormente rubricó la victoria española con un segundo gol con un disparo desde la frontal del área (51).

El asturiano pudo haber logrado un tercer tanto si hubiera convertido un penal lanzado en el minuto 62.

Con este triunfo, España lleva tres puntos, después de haber perdido en el debut contra Suiza (1-0) y está empatado ahora con los helvéticos, que cayeron este lunes en Port Elizabeth ante Chile (1-0), que lidera la llave con seis unidades, mientras que Honduras lleva cero.

En la última jornada, el viernes en Pretoria, España estará obligada a ganar a Chile, mientras que Honduras debe vencer a Suiza el mismo día en Bloemfointein, y esperar una derrota de los ibéricos para intentar tener esperanzas de clasificar con una mejor diferencia de goles.

Los tantos del "Guaje" sólo sirvieron para evidenciar lo que se vio a lo largo del encuentro: un dominio de España, que llevaba el control del balón frente a una Honduras, que pese, a las advertencias de su técnico, Reinaldo Rueda, optó por cerrarse atrás y salir a la contra o meter balones largos.

España puso de entrada a Fernando Torres, que contó con un sinfín de ocasiones, pero no atinó con la puerta, además de introducir a Jesús Navas para recorrer la banda derecha, mientras que Honduras sacó a su artillero David Suazo, repuesto de su lesión muscular.

Suazo, sin embargo, alternativamente marcado por Carles Puyol o Gerard Piqué, apenas tuvo ocasión de demostrar su valía, muy aislado en la punta del ataque hondureño.

España avisó pronto con un tiro al larguero de Villa (7), muy activo por la izquierda, donde fue una auténtica pesadilla para Sergio Mendoza, que vio como en el minuto 17, el "guaje" recibió un pase largo, se fue de tres contrarios y se adentró en el área para soltar un tiro cruzado que se coló por la escuadra de Valladares.

El gol dio empuje a España que prácticamente puso un asedio a la portería de Honduras, capiteneado por Torres que lo intentó de cabeza (32) y de tiro directo (33), pero el gol se negó a entrar.

Frente a la avalancha roja, Wilson Palacios en el centro del campo apenas fue rival para un Xavi Hernández, que dejaría posteriormente su puesto a Cesc Fábregas (66), mientras por la banda derecha lograron llevar algún peligro Roger Espinoza y Walter Martínez, con centros al área buscando a Suazo.

El jugador del Genoa italiano tuvo en sus botas las dos mejores ocasiones de su selección en el minuto 16 en un mano a mano con el portero español Iker Casillas que se le adelantó y posteriormente en el 65 con un tiro algo desviado.

Con ese último disparo, Suazo intentaba buscar acortar distancias después que en el 51 Xavi enviara un balón a Jesús Navas que se fue por su banda para centrar a la frontal del área donde apareció Villa para hacer el segundo de España y de su cuenta particular con un gran tiro.

El "Guaje" todavía tendría otra gran ocasión de hacer un triplete con un penalti cometido sobre Navas que lanzó fuera (62).

El seleccionador colombiano de Honduras, Reinaldo Rueda, intentó poner coto al dominio español y algo más de mordiente dando entrada al delantero Georgie Welcome por Roger Espinoza (46) y al centrocampista Ramón Núñez por Danilo Turcios (63), pero los cambios no fueron suficientes para achicar distancias.

España, tal como había adelantado Puyol la víspera, siguió dando velocidad al balón y haciendo su juego frente a una Honduras desbordada. La Roja, tras su desastroso debut, entra de lleno en la carrera por pasar a octavos de final del campeonato.

- Mundial de fútbol Sudáfrica-2010 - Grupo H

España - Honduras 2 - 0 (resultado al descanso: 1-0)

Goles:

España: Villa (17, 51)

Estadio: Ellis-Park (Johannesburgo)

Campo: bueno

Clima: fresco

Iluminación: buena

Espectadores: 54.386

Arbitro: Y. Nishimura (JPN)

Amonestaciones:

Honduras: Turcios (8), Izaguirre (38)

Alineaciones:

España: Iker Casillas (cap) - Sergio Ramos (Álvaro Arbeloa 77), Carles Puyol, Gerard Piqué, Joan Capdevila - Jesús Navas, Sergio Busquets, Xavi (Cesc Fábregas 66), Xabi Alonso - Fernando Torres (Juan Manuel Mata 70), David Villa . DT: Vicente Del Bosque.

Honduras: Noel Valladares - Sergio Mendoza, Osman Chávez, Maynor Figueroa, Emilio Izaguirre - Elvis Danilo Turcios (Ramón Núñez 63), Wilson Palacios, Amado Guevara (cap), Roger Espinoza (Georgie Welcome 46) - Walter Martínez - David Suazo (Jerry Palacios 84). DT: Reinaldo Rueda.

Herrera y Yunes, tal para cual

Miguel Ángel Granados Chapa

Criados en las mismas tradiciones, conocedores de las trampas y los trucos para dominar al adversario, Fidel Herrera y Miguel Ángel Yunes protagonizan el rudo proceso electoral que concluirá en Veracruz –como en otras 14 entidades de la república– dentro de dos domingos. Herrera no es candidato, pero es el gobernador que mueve los hilos de las candidaturas del PRI. Estaba haciéndolo con la astucia que le permitió hacer una larga carrera. Pero esta vez topó con la socarronería de Yunes, que puso pájaros en el alambre (como quizá lo hizo muchas veces antes, cuando era priista) y sorprendió a Herrera en conversaciones comprometedoras que el candidato panista dio a conocer por interpósitas personas.

Aunque son casi estrictamente contemporáneos (Herrera nació en 1949 y Yunes tres años después), sus trayectorias políticas fueron distantes, hasta 1998, en que ambos creyeron que podrían alcanzar la gubernatura, que en esa ocasión estaba reservada para que Miguel Alemán Velasco alimentara sus sueños políticos, como si le fuera dable reproducir los que su padre hizo realidad: al pretender transitar del Senado a la gubernatura, como logró su progenitor, quizá lo asaltó la gana de continuar el camino hasta concluir en el Palacio Nacional. Pero Miguel Alemán Valdés lo había hecho a una edad muy temprana y en circunstancias en que más podía el azar –la fortuna al modo de Maquiavelo, no la que suma caudales– que el dinero.

Gobernador Alemán Velasco, parecería que Yunes y Herrera quedaban emplazados para seis años después, para 2004. En realidad era un despropósito del ahora panista, pues implicaba comparar su carrera con la de Herrera, mucho más prolongada y variada que la suya. Ambos fueron diputados, pero Herrera pisó la Cámara –todavía en el palacio del Factor, en Allende y Donceles– en 1973, mientras que Yunes estrenó curul casi 20 años después, en 1991. Ninguno de los dos alcanzó cargos de significación en el gobierno federal, pero Herrera estuvo en contacto con la política nacional desde muy temprano, lo cual le permitió hacer una carrera legislativa (cuatro turnos en la Cámara de Diputados y uno en el Senado), mientras que Yunes sólo volvió una vez a San Lázaro. Estaba allí, rabioso y lleno de rencor por no ser él quien ocupara el sitio, cuando Herrera ganó la candidatura de su partido y también triunfó en la elección constitucional, con pocos votos de diferencia y aun menor margen de credibilidad. Se le opuso entonces, desde el PAN, Gerardo Buganza, quien seis años más tarde dejó ese partido, agraviado porque Yunes fue el escogido por el presidente Calderón para enfrentar a un candidato priista de menor talla política que Herrera un sexenio atrás, y al cual era posible derrotar con holgura. Consideró tan honda la ofensa, porque con ella se privilegió a Yunes, que se fue del PAN y se manifestó partidario de Duarte, el candidato fácil al que iba a vencer. En las revelaciones que el PAN ha puesto a circular resalta el hecho, que puede ser calumnioso por provenir de Yunes, de que tal adhesión no fue gratuita, sino que tuvo una recompensa material.

Herrera sirvió lealmente a Alemán y consiguió que su juicio pesara ante Roberto Madrazo y Elba Ester Gordillo, secretaria general del PRI, para ganar la candidatura, postergando a Yunes. Éste consolidaba entonces su acercamiento a la lideresa magisterial, en la Cámara de Diputados. Su conocimiento de la ley y de sus trampas, su agresividad sin escrúpulos, lo hicieron un ariete necesario en la batalla interna por el dominio del Congreso, preámbulo a la contienda por la candidatura presidencial. Gordillo arrastró consigo a Yunes en su caída, cuando diputados oaxaqueños y mexiquenses fueron la punta de lanza contra la profesora que, desposeída del liderazgo en la Cámara, quedó en posición precaria, pues siguió siendo secretaria general del partido, enemistada con el presidente del mismo, su antiguo y circunstancial aliado, y pillada en la operación de estar creando un partido para su uso personal, Nueva Alianza.

En el extremo del pragmatismo, una vez echada del PRI y emergida del clóset, es decir, asumido su papel en el Panal, que durante un tiempo pretendió disimular, ella misma y su partido se asocian con el mejor postor. Ella, priista sin duda en 2000, se aproximó a Vicente Fox y logró concesiones para su equipo. Pero con Calderón estrechó los lazos, al punto de que sus indispensables servicios electorales –cruciales para que el candidato panista llegara en 2006 a la silla presidencial– fueron recompensados con la cesión de una franja de la administración. En ella descolló el ISSSTE, que fue entregado a Yunes, quien en la administración anterior había llegado a ser subsecretario, un rango del que estuvo lejos durante su militancia priista.

Esa militancia había cesado simultáneamente con el despido de Gordillo. Por un tiempo Yunes se mantuvo sin partido, quizá en espera de los movimientos de piezas que su jefa tenía que realizar, y luego se convirtió en panista, como quien se cambia de calcetines. Vio con disgusto que en 2007 el Panal hiciera alianza con el PRI en Veracruz, por la cordial relación que a despecho de Yunes mismo mantenían Herrera y Gordillo. Y procuró crear la plataforma desde donde llegaría al gobierno del estado por el camino sesgado de un partido al que desdeñó y persiguió cuando fue secretario de Gobierno, el cargo más relevante a que lo condujo el PRI, bajo Patricio Chirinos, es decir, bajo Carlos Salinas.

Durante los tres años en que encabezó el instituto de la seguridad social de los empleados públicos (a los que sometió a un infamante nuevo régimen de pensiones), sus dos jefes, Calderón y Gordillo, acordaron postularlo en Veracruz. Aquél dispuso que el PAN lo eligiera, y ésta puso a su disposición el Panal. Mucho antes de esas operaciones, Yunes hizo campaña en Veracruz con gran descaro. Fingiendo que realizaba obras sociales en beneficio del personal federal que trabaja en ese estado, pagó propaganda intensa y onerosa, y viajó con gran frecuencia a su entidad natal, no como oriundo de Soledad de Doblado que visita a los suyos, sino como precandidato. Tal vez se le acuse, en estos días, de ese gasto realizado en precampaña y para responder al golpe mediático y político que implica mostrar a Herrera como dispendioso sultán que abre generosos cofres y escarcelas (no los suyos, que los tiene, sino los del poder público) para lograr que sus candidatos hagan campañas cómodas (“dale a todos”, sugiere a un aspirante perplejo por tantas reclamaciones de apoyo de sus multiplicados coordinadores de campaña).

Pobre sociedad veracruzana, apresada entre Escila y Caribdis, entre un gobernador prolongado en un candidato dócil y débil y un voraz ejercedor del poder tope donde tope. Queda a los veracruzanos la opción de Dante Delgado, tercero en discordia, sufridor de la ruindad de Yunes, quien lo encarceló y buscó además infamarlo con acusación de delitos patrimoniales, que libró cabalmente. Sus defectos, especialmente el predominio personal sobre el partido que fundó, son inocultables, pero comparado con Herrera y Yunes es una alternativa digna de ser valorada.

Recursos "bien" empleados

Carlos Monsiváis, "la última voz intraducible...": Castañón

Armando Ponce

El 22 de junio de 1990, en el número 163 de la revista Vuelta que dirigía Octavio Paz, el escritor, poeta y editor Adolfo Castañón escribió un perfil acucioso de Carlos Monsiváis, donde resumió:.

“Oscilando entre el periodismo, la crónica, la historia, la fábula, la agonía y el éxtasis, la palabra de Monsiváis ha eludido cuidadosamente la creación de personajes al tiempo que rescata --con el mismo escrúpulo-- mundos, climas y modismos, voces y ambientes particulares, regionales. De ahí que encarne la última voz intraducible en que se reconocen las masas mexicanas antes de iniciar definitivamente el éxodo hacia la uniformidad sin fronteras; de ahí también que uno de los escritores mexicanos e hispanoamericanos más dotados e inteligentes de nuestro siglo corra el riesgo de no acceder verdaderamente a la literatura --es decir a la intuición de la persona a través de la palabra, a la creación de personajes-- y de quedar en la memoria del futuro y en el presentimiento de los lectores en otras lenguas como una leyenda milagrosa e inexplicable.”

Se trata sin duda alguna del más redondo de los trabajos en torno a la figura, trayectoria y aportación del cronista urbano más destacado del país, a quien en breve le sería impuesto el doctorado Honoris Causa de la UNAM y cuyos restos serán velados desde las 21 horas de esta noche en el Museo de la Ciudad de México, sin duda el recinto que, ahora recién renovado, era el más adecuado, debido a que Monsiváis mantuvo un diálogo permanente con su ciudad natal. El texto es el siguiente:

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“For native Spanish she had no great care,

At least her conversacion was obscure.”

Lord Byron, Don Juan

Adolfo Castañón

Nacido en 1938, Carlos Monsivais pertenece con José Emilio Pacheco y Sergio Pitol a una generación que vivió su infancia en la guerra y su adolescencia en la Guerra Fría. La guerra es la madre que alimenta la imaginación de por lo menos dos de las novelas más importantes de este periodo, Morirás lejos de José Emilio Pachecoy El desfile del amor de Sergio Pitol, y tal vez debiera enmarcarse bajo la sombra de la guerra el perfil ideológico de Carlos Monsiváis, la perseverancia de su dualismo, el clima de asedio que impregna su óptica y su visión de la cultura.

En más de una ocasión, Carlos Monsiváis se ha definido públicamente como un hombre de izquierda, y a lo mejor su trayectoria se podría describir como la odisea de un escritor empeñado en demostrar que se encuentra situado no en el polo del miedo sino en el de la esperanza. Para algunos, la congruencia con que ha sostenido este insostenible compromiso hacen de él --independientemente de la verdad o de la credibilidad que se conceda a esas creencias--, sin duda, uno de los escritores mas respetados y respetables del México contemporáneo. Para otros, esa perseverancia lo ha obligado a un revisionismo constante que lo hace un escritor que busca desesperada e innecesariamente oportunidades para obtener --sin conseguirlo siempre-- el respeto y la aprobación pública.

Entre tanto, el versátil y ubicuo prosista, se nos va de las manos dejándonos un azufrado olor a mito. Misteriosa, increíblemente el escritor y crítico efectivamente dueño de una obra parece buscar una aprobación que no se remite exclusivamente a su obra sino que se funda en un pacto ideológico, en un juego de opiniones emanadas, suscitadas o entrevistas por el personaje. Al alterarse la ecuación entre la experiencia y la forma, entre la verdad y la belleza, la exigencia de verdad del escritor resulta comprometida por la necesidad de indulgencia, de simpatía o de complicidad que busca el escritor transformado en profeta. Por otra parte, la figura de Carlos Monsiváis en el México contemporáneo es inexplicable si no se toma en cuenta que se trata de uno de los hombres mejor informados de México.

Una red siempre móvil y siempre renovada de contactos, relaciones, amistades, encuentros, referencias, lecturas y registros lo mantiene a flote sobre el mar de la atareada e infatigable humanidad mexicana. Por más que escriba y por más que lo leamos, difícilmente agotaríamos el conocimiento que Carlos Monsiváis tiene de México. Pero si bien Monsiváis es en sí mismo una agencia de noticias, si bien hormiguea en él una voracidad volcánica de información y saber históricos, él, en persona, suele ser frío, huraño; se diría que sólo se humaniza ante una cámara de televisión. Con todo, su verdadero rostro lo adivinamos después de algunos minutos de escucharlo por radio. Entonces, su voz llega a transformarse en un carnaval.

Sí, es una cabeza caliente y no un cerebro frío; un alma perdidamente enamorada del mundo y que ha querido transformar esa maldición en un camino para que el mundo se enamore de ella. La prueba: Monsiváis es uno de los últimos escritores públicos del país y quizá uno de los últimos nombres que las multitudes mexicanas sean capaces de reconocer.

La civilización burguesa reconoce en la cultura un signo de bienestar y en el escritor que la cultiva y expresa un índice de su propia fecundidad y una confirmación espiritual de su mundo. En cambio, la cultura en un país subdesarrollado como México tiende a prosperar como un signo del malestar y suele volverse pública cuando refleja la esterilidad, la confusión, el resentimiento. Con perseverancia no exenta de resignación, Carlos Monsiváis se ha hecho eco de esas voces.

Exactamente --pues más que ver oye. Tiene algo del murciélago invidente que se orienta mejor en la oscuridad. Su medio natural es la barbarie, la intemperie cultural, la excepción crítica. No le atrae la serena mansedumbre de la vida cotidiana, es un hombre desvelado por “los grandes momentos” y no comprende ni le interesa lo que no se puede transformar en histórico, lo que no demuestra el progreso o el retraso de la Historia. Documentar ese optimismo equivale a enumerar a los protagonistas secretos de la historia, equivale a recuperar para la historia las fiestas efímeras de una sociedad en nacimiento: la prosa como happening del happening. Se siente la urgencia de los despachos de guerra en esta literatura de la insurgencia civil cuyo foco se desplaza de un lado a otro.

Guerra y happening, el apocalipsis en prosa de Monsiváis es, por un lado, el producto más acabado y sazonado de la cultura periodística mexicana que --junto con la lírica-- es la tradición escrita más sólida y representativa de la cultura mexicana.

Por otro lado, Monsiváis aparece en este país de poetas y de periodistas como un explorador y un viajero. Es un Marco Polo de la miseria y de la opulencia, un agente viajero de la crítica que vive atravesando las fronteras sociales, desde los bajos fondos hasta la izquierda exquisita pasando por las masas y las estrellas, las figuras legendarias y las tragedias, las máscaras y las fiestas. Va en busca del presente perdido en la basura de los periódicos. Es un paseante y un pasajero del tren de vida que asoma la cabeza para asistir al paisaje cambiante del status. Campo de batalla, parque de diversiones, siempre la Plaza, la cuenca vacía que va llenando paulatinamente la masa con sus ríos --ése es uno de los recursos literarios preferidos por este autor: la crónica de la ocupación y la evacuación de las masas.

Así aparece y desaparece el maestro de ceremonias de la gran comedia nacional, el sacerdote de los cultos bajos, serviles y saturnales. Es el bufón que domina todas las destrezas y las subvierte. Por esta razón es también el único que llora cuando los demás ríen, uno de los pocos que sabe en cuántas piezas se ha roto la patria, uno de los pocos que conoce el dolor de México. A esa amargura se añade la tragedia de todos los grandes viajeros que han perdido el origen; como si la ciudad hubiese celebrado con él un pacto faústico y le hubiese revelado todos sus secretos a condición de que él renunciara a su casa. Quien acepta semejante sacrificio, cree que es posible romper el aislamiento, crear un mercado común de ideas y sentimientos, restituir a la historia una dignidad no corrompida por el conformismo. Sacerdote de las fiestas saturnales donde los siervos se coronan y los reyes se arrodillan, Monsiváis es, bajo su ropaje moderno, un hombre del pasado en quien los muertos alientan, el depositario de la historia de que se ha impregnado en su viaje al fondo de la noche triste, en su vuelta arcaica al mundo mexicano a través de sus familias, clanes, grupos y multitudes. Bajo la crónica se adivina otro género que hace formalmente posible esa inmersión en la masa, en los muertos, en el pozo de la historia reflejado bajo la superficie del presente: el sueño, los sueños. El género medieval y luego picaresco llevado a la perfección por Quevedo, es resucitado subrepticiamente por Monsiváis bajo la capa de un nuevo periodismo que combina la parodia, la descripción, la interpolación, la entrevista, la cita, la sentencia, la reflexión sociológica, la indiscreción y el autoanálisis. Si en el sueño tradicional hablan de preferencia los muertos, en los sueños monsivaítas ese lugar lo ocupan las masas, los tipos, las formaciones gregarias, los personajes característicos. Sin embargo, si bien el sueno (a veces pesadilla), es utilizado como forma literaria, es decir como forma de conocimiento, no queda claro para el lector si Monsiváis quiere o no despertar de ese sueño obsesivo del presente apocalíptico e informe que, paradójicamente, le sirve para eludir el pasado, es decir la forma.

Entre tanto es obvio que la lectura bárbara y la rapiña comercial condenan a Monsivais a aparecer como un escritor pseudocostumbrista en el contexto inminente de una sociedad uniformada aun en el nivel de los fellahs, de los parias, de los intocables. En la mezcolanza insípida de las nuevas clases medias, de la lumpenproletarización de las clases medias ilustradas, de la deserción de los obreros hacia el tianguis y de la entrega del campo a los grandes explotadores industriales, los escritores se enfrentan a la difícil tarea de nombrar la cantidad y enumerar la legión.

Después de su viaje por las castas, las clases y los bajos fondos de un México que ayer parecía antiguo y hoy parece desechable, Monsiváis, el vendedor ambulante de sueños profusos, ha logrado convertir a los adeptos del realismo periodístico en turistas fáciles de un viaje previamente organizado.

Así como el sueño obsesivo de Monsiváis es un sueño del presente --un presente en el que está envuelta la masa, la historia-- y paradójicamente sonado para escapar del pasado oficial de la tradición escrita, su puntualidad en relación con la historia es singular, ambigua. Lo grotesco y lo banal, la épica y la trivialidad desembocan tumultuosamente en una prosa que se alimenta de las tradiciones orales: a la taquigrafía y la observación del redactor corresponden los comentarios sin lectura, la admiración fundada en el entusiasmo y la simpatía gregaria e ideológica --religiosa en última instancia-- de sus tribus lectoras. El habla y la tradición oral como fronteras de la lectura y de la escritura constituyen la fuerza y la debilidad, responden por la exactitud y la impuntualidad de este proyecto literario que exige ser evaluado en términos de proceso y no de obra. Por otra parte, esa oportunidad de Monsiváis para coincidir con la historia, para descubrirla, para inventarla, para imbuir a la realidad, por banal que sea, con la dignidad de la interpretación; el instinto o el valor que lo llevan a donde quiera que arda Troya, lo obligan a recorrer una superficie y lo hacen superficial, falsamente profundo. No tiene ideas, como dijo Octavio Paz, sino ocurrencias --diríamos, concurrencias, dichos agudos para la ocasión, pensamientos inesperados para encuentros casuales. Un golpe de dados abolirá a Monsiváis. En su calidad de taquígrafo del juego de la Historia --el desvanecimiento de México en la configuración de Norteamérica como región--, de testigo de calidad de las grandes y pequeñas cantidades de la corriente social, Monsiváis da fe, aparece invariablemente como un precursor o un sobreviviente. Parece el único contemporáneo de todos los hombres que se mueven bajo el firmamento de todos los tiempos mexicanos. Pero --misterio-- llega a la Fiesta antes de que ésta empiece, se va antes de que concluya e incluso cuando se queda parece extrañamente ausente. Es natural: cada palabra registrada, cada hecho observado despiertan en él una tempestad de asociaciones y al observador lo separa de la realidad una vidriera sociológica e interpretativa. Lo vemos observar; lo vemos repetir para sí mismo lo que los otros dicen. Verdad que más que observador escrupuloso e imperturbable Monsiváis es un hombre que escucha? Sabe quién habla y para quién, reconoce desde dónde habla cada quien. Esta facultad --casi un instinto-- para situar moralmente a un interlocutor hace de Monsiváis un explorador ideal de lo que podría llamarse la geografía del status mexicano y aun diríamos latinoamericano. Esa facultad parece insinuar que en Carlos Monsiváis se encubre uno de los grandes novelistas mexicanos del siglo xx.

Oscilando entre el periodismo, la crónica, la historia, la fábula, la agonía y el éxtasis, la palabra de Monsiváis ha eludido cuidadosamente la creación de personajes al tiempo que rescata --con el mismo escrúpulo- mundos, climas y modismos, voces y ambientes particulares, regionales. De ahí que encarne la última voz intraducible en que se reconocen las masas mexicanas antes de iniciar definitivamente el éxodo hacia la uniformidad sin fronteras; de ahí también que uno de los escritores mexicanos e hispanoamericanos más dotados e inteligentes de nuestro siglo corra el riesgo de no acceder verdaderamente a la literatura --es decir a la intuición de la persona a través de la palabra, a la creación de personajes-- y de quedar en la memoria del futuro y en el presentimiento de los lectores en otras lenguas como una leyenda milagrosa e inexplicable.

Tom Wolfe --decía Truman Capote-- no durará.

Entre la multitud de cabezas tibias, frías o calientes, Carlos Monsiváis pertenece a la rarísima especie de Tiresianas con un hemisferio ardiente e infernal y otro helado, angélico. Interés impersonal, entomológico, por los hombres, pasión personal por las creencias, convicción visceral de que existe una geometría de los apetitos sociales --tales son los factores de la combinación singular que respalda la vivacidad de su burlona misericordia. Tal es la paradoja de este cronista, heredero alborotado y descastado de Bernal: odia y ama, compadece y se burla, lo devora una pasión avasalladora por el mundo pero no cree en su pasión, en su vida, en el carácter simbólico de su propia autobiografía. Gracias a esa herida, a esa desgarradura puede encarnar la frontera y protagonizar y representar la incertidumbre espiritual de México, el doloroso enigma del aislamiento.

Monsiváis, viajero inmóvil, es también una frontera en movimiento. Ante las masas insumisas, ante el servilismo espiritual de una colectividad ansiosa de confirmaciones y de legitimación representa a una especie de ángel vengador, el heraldo del discurso emotivo traicionado por la historia oficial; ante las clases medias que asisten atrincheradas desde sus automóviles y en sus cubículos a la guerra del cerdo contra el pobre, Monsiváis representa la aventura a la vuelta de la esquina, la posibilidad de un voyeurismo social accesible, el fisgón universal, el Orfeo urbano que baja por nosotros a los infiernos de los basureros sociales y que es capaz de amansar y de nombrar con su canción prosaica, con la marcha vagamente militar de su sociología y la solemnidad religiosa de su nacionalismo, el océano de la vida urbana en extinción.

Por eso su voz parece surgir de la profundidad. Brota o emerge como una cascada congelada de palabras, es el tumulto hablado de la radio y su susurro onírico. Leemos, como entre sueños, la perorata de un locutor estremecido que comenta, celebra, hierve y entrevista. Del oído y para el oído, la voluntad de la voz arma la representación. El periodismo de Monsiváis se impulsa como una invocación afectiva, gritos de éxtasis en la cresta del tiempo. La pluma como un micrófono, la página como una calle imaginaria que atraviesa por todos los barrios de la diferencia social y que sube y baja infatigable los peldaños de la pirámide. Escritura a control remoto, libros que son como vastos estudios de radio y de TV, adjetivos como reflectores, a veces la prosa como una videocasetera, el lenguaje de Monsiváis busca la historia, practica una gimnasia de la descripción destinada a dominar el tumulto, a describir lo innombrable: la masa en movimiento, esa ballena blanca que burla al cazador y lo seduce y lo engaña ¡Y cuántas veces no ha engañado la masa a Carlos Monsiváis! En los océanos de las manifestaciones, en el mar de los conciertos de rock, en los ríos humanos que desembocan en el eclipse, en el bíg-bang de las masacres, en el hoyo negro de la polémica, la-palabra-que-zumba-en-la-página-como-la-voz-en-la-radio ha acudido a la cita con la masa en movimiento. Ya se sabe: la fascinación por la masa funciona como un afrodisíaco revolucionario, la libido subversiva se despierta en el tumulto y el calor de la masa satisface la nostalgia por la comunidad destruida.

La escritura como frontera, la escritura como ciudad no impiden que Monsiváis sea familiar y aun provinciano. Provinciano porque su voz es la del niño que corre por las calles anunciando al pueblo que ya llegó el circo del progreso. Parece que Monsiváis siempre está registrando el advenimiento local de lo que sucedió hace mucho en la Metrópolis y que, al suceder aquí, nos universaliza y redime de nuestro aislamiento, nos conecta al sistema nervioso del consumo. Por eso tiene algo del juez triste que comprueba con desengaño cómo se llega inevitablemente tarde y en último lugar en la carrera del progreso. Pero en el rostro brilla también una ironía de pontífice que ha visto caer muchos imperios sexenales desde la inconmovible y santa sede de la asamblea universal y popular. Es claro, desde ese ángulo, que el supuesto provincianismo de Monsiváis funcione como un recurso retórico, como una astucia más de la crítica. La certeza de lo regional y provinciano de la realidad exterior presta consistencia a la objetividad impasible, a la imagen cosmopolita del locutor, da autoridad para repartir la baraja de la Historia --que es el verdadero juego, la gran diversión de una infancia fascinada por los héroes subrepticios e ilegítimos. Del mismo modo, resulta natural que al locutor estremecido por la llegada del espectáculo a la ciudad remota en que vive, le fascine igualmente la idea de la civilización, la idea de una cultura que no sólo puede practicarse independientemente del centro que la genera sino que precisamente comprueba su poder de sobrevivencia en ese ejercicio. Surge de ahí un Monsiváis civilizador, un urbanista, el hombre decidido a descubrir la ciudad en cualquier ritual bárbaro, un sacerdote profano que empuña la cruz urbana, la cruz de la Plaza y de las dos grandes avenidas que definen el centro de una ciudad, al mismo tiempo que avanza en línea recta hacia los altares del Estado. Entre tanto, en la superficie del discurso aflora la sociología como predestinación.

No sólo porque el cronista esté condenado a sobrevolara las masas desde un discurso totalizador y estratégico, sino porque la realidad misma en la prosa de Monsivais parece haber sido creada para justificar y desencadenar el análisis de lo social. La predestinación aflora también en otro de los recursos preferidos del cronista: la cita, la parodia o la paráfrasis bíblica, la referencia inevitable al Antiguo Testamento, el periodismo como evangelización dan a la descripción monsivaística la fijeza de una comprobación. En la consistencia religiosa de este nacionalismo, los tiempos perfectos de las citas bíblicas contrastan con el presente, con el obsesivo indicativo de lo efímero, encerrándolo en un marco de leyenda falaz y de saga instantánea, prefabricada por la voz que, desde la radio, agita las paginas.

Y así se amontona una leyenda sobre otra. Es la crónica, no como construcción sino como ruina, cada libro una Babel demolida piedra por piedra, cada reportaje un testimonio de la ciudad destruida. El constructor es un destructor: con las pirámides destruidas de la historia oficial levanta iglesias para el happening del apocalipsis. Más allá, es curioso ver cómo contrasta en la prosa de Monsiváis el anhelo enunciado de la civilización con la construcción bárbara y barroca de un discurso impetuoso y exuberante y que prolifera como una vegetación tropical sobre la ciudad. Es en este contraste donde se manifiestan mejor los límites de su proyecto, su índole por decir así doméstica. El sociólogo es al mismo tiempo el artesano ideológico y sentimental que fabrica un nuevo álbum del hogar donde los procesos de la aculturación y de la transculturación son leídos a la luz de una épica proletaria o, más precisamente, universitaria. Porque entre las minorías y las masas, Monsiváis no sólo ha elegido la universidad, sino curiosamente la universidad de masas. Su prosa aparece como un fenómeno literario comercial cuando en realidad su verdadero valor sólo podría ser histórico y político. Vemos en él al santo que baja del altar y sale a la calle y se que & en ella deslumbrado por el carnaval a riesgo de ser confundido con cualquier judas de cartón, con cualquier maniquí. La universidad, la sociología, la racionalidad, la lucha por la justicia son los disfraces que hacen pasar a este santo por un hombre común y le proporcionan los harapos periodísticos con los cuales oculta su verdadera condición, su condición principesca de poeta, de hombre cuya devoción es en última instancia el lenguaje. Es este recato el que lo bliga a ser un escritor provinciano, es decir un periodista. Pero es esta coquetería con el lenguaje la que hace de él un hombre de mundo, es decir un escritor, un periodista mágico, un aventurero que guía a las masas hablándoles con un micrófono en la mano.

Todo estaría bien, si no tuviésemos el temor de que, a su vez, a él también lo fascinan los altoparlantes, las grandes bocinas que conducen al rebaño hacia el Estadio.

El Estadio, el escenario. La memoria de Monsiváis pertenece a la geografía y no a la historia y, entre todas las geografías a la geografía sentimental. Dibuja el mapa de las efusiones sentimentales nacionales cuyos puntos de referencia son los actores y los cantantes, los políticos y los artistas. En ese mapa aparece la geografía como un inventario de lugares comunes que cobran sentido a través de la autodidáctica sentimental de una sociedad abandonada por la cultura. Personajes, actores legendarios, tipos y prototipos, esta comedia masiva habla invariablemente de los desposeídos en una forma característica.

Es verdad que los pobres atraviesan la prosa de Monsiváis, pero también es verdad que nunca la podrán atravesar los niños, que la crónica monsivaítica es el jardín prohibido del gigante egoísta, y que en ella la literatura está amurallada tras la Historia y las buenas causas. En la grabadora del escritor costumbrista, en la página fluorescente del periodista ácido brilla por su ausencia la persona. La miseria de la cultura en México descrita por Carlos Monsiváis estriba en que en ella no hay lugar para las personas -a menos que se petrifiquen antes en el baño monumental de una Historia en litigio. De ahí que su crítica a la miseria espiritual esté marcada por la ambigüedad y que tan pronto la celebre como la condene.

En esa ambigüedad reconocemos el gran poder de destrucción de este escritor que es uno de los grandes arquitectos del México contemporáneo.

La obra literaria de Carlos Monsiváis

Roberto Ponce

Nacido el 4 de mayo de 1938 y fallecido este 19 de junio, a los 72 años de edad víctima de fibrosis pulmonar, el prolífico escritor, ensayista, periodista y notable cronista popular capitalino Carlos Monsiváis Aceves fue llamado “el último escritor público de México, no sólo cualquier mexicano lo ha escuchado o leído sino que todos pueden reconocerlo en la calle” por el literato Alfonso Castañón.

Había estudiado en las facultades de Economía, y de Filosofía y Letras de la UNAM, y para la década de los sesenta comenzó la redacción de textos cuya trascendencia y variedad temática le brindarían el más amplio reconocimiento literario, destacando en 1966 su propia autobiografía.

“Carlos Monsiváis no ha muerto. No hemos perdido a Monsiváis, lo hemos ganado para siempre”, manifestó desde Londres vía telefónica el novelista Carlos Fuentes.

La abundante producción de Monsiváis se publicó en infinidad de diarios, suplementos culturales y revistas nacionales, como el semanario de análisis e información Proceso a partir de su fundación en 1976 por Julio Scherer García y Vicente Leñero, hasta su muerte.

De aquella década sobresalen sus libros: Días de guardar (1970), sobre la masacre de Tlatelolco en 1968; Amor perdido (1976) y El crimen en el cine (1977). Su primer escrito en Proceso data del 5 de noviembre de 1976, se trata de una crónica que intituló María Félix nunca será pobre (Proceso número 2).

Carlos Monsiváis y Julio Scherer García escribirían conjuntamente los volúmenes: Parte de guerra. Tlatelolco 1968 (Documentos del general Marcelino García Barragán, Los hechos y la historia), de 1999; Parte de guerra II. Los rostros del 68 (2002) y Tiempo de saber (2003). En 2008, el mismo Monsiváis entregaría a Editorial Era otro resumen histórico acerca del movimiento estudiantil de Tlatelolco: El 68. La tradición de la resistencia.

A su vez, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), Miguel Barnet, dijo de Monsiváis: “gran hueco" para el pensamiento de México y de América Latina:
"Lo vamos a extrañar mucho por su agudeza y sus juicios afilados y certeros… Fue un ensayista lúcido, con una óptica en la vanguardia más extrema; no fue un nihilista, pero sí un transgresor, fue la conciencia crítica de su país en el terreno político, artístico, en el espectáculo y en la sociedad, para diagnosticar los problemas más acuciantes del México contemporáneo.”
Por su parte, el escritor Pablo Armando Fernández calificó el fallecimiento de Monsiváis de "realmente doloroso" y consideró "lamentable que haya correspondido tan pronto a irse hacia la luz”.

Fernández, Premio Nacional de Literatura 1996 declaró a la Agencia EFE que Monsiváis “es un hombre, un escritor importante, con una obra que hay que preservar, reeditar y hacerle conocer y difundirlo".

Monsiváis fue uno de los escritores más queridos y respetados por varias generaciones, muchos jóvenes solían visitarlo en su casona de Portales donde solía vivir con una treintena de gatos domésticos que Monsi adoraba. El nuevo Museo del Estanquillo (localizado en el edificio La Esmeralda de la esquina de Isabel La Católica y Madero, Centro Histórico) alberga la colección personal del fallecido escritor, que abarca pinturas, fotos, juguetes, calendarios, parte de su biblioteca, publicidad y varios tomos de cómics (fue profundo admirador del dibujante Gabriel Vargas, autor de la famosa historieta La familia Burrón), también recientemente desaparecido.

Entre los tantos reconocimientos que recibió se cuentan el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Sinaloa, del Estado de México, de la UAM y de la UNAM; varios Premios Nacionales de Periodismo; Premios Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta.

En Internet, Wikipedia comenta: “Sus posiciones políticas y su perspectiva crítica lo llevaron, desde el inicio de su carrera periodística, a dar cuenta de todos aquellos fenómenos literarios, sociales y culturales que implicaban un desacato al autoritarismo, el orden establecido y el conservadurismo. De ahí su interés en los ídolos populares (El Santo, Cantinflas), el movimiento feminista, las figuras contestatarias de izquierda y los personajes o acontecimientos que en algún sentido implicaban un avance de las ideas progresistas, y un rechazo a toda posición intolerante y retrógrada). De ahí también la importancia que le dio a la promoción de los derechos de las minorías sociales, la educación pública y la lectura.”

Su bibliografía incluye:

Cultura urbana y creación intelectual. El caso mexicano (1981), Cuando los banqueros se van (1982), De qué se ríe el licenciado (una crónica de los 40, 1984), Conferencias (1985), El poder de la imagen y la imagen del poder. Fotografías de prensa del porfiriato a la época actual (1985), Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (1987), Escenas de pudor y liviandad (1988), El género epistolar. Un homenaje a manera de carta abierta (1991).

También: El teatro de los Insurgentes: 1953-1993 (1993), Sin límite de tiempo con límite de espacio: arte, ciudad, gente, colección de Carlos Monsiváis (1993), Rostros del cine mexicano (1993), Por mi madre, bohemios I (1993), Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja (1994), Luneta y galería (Atmósferas de la capital 1920-1959) (1994), Los rituales del caos (1995), Cultura popular mexicana (1995). Aire de familia. Colección de Carlos Monsiváis (1995), El bolero (1995), Recetario del cine mexicano (1996), Diez segundos del cine nacional (1996), Del rancho al Internet (1999), Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), Las herencias ocultas del pensamiento liberal del siglo XIX (2000), Las tradiciones de la imagen: Notas sobre poesía mexicana (2001), Protestantismo, diversidad y tolerancia (2002), Los días del terremoto 1985-2005 (2005), y Apocalipstick (2009).

Entre sus investigaciones biográficas se cuentan las publicadas sobre Celia Montalván, María Izquierdo, José Chávez Morado, Salvador Novo, Octavio Paz, Amado Nervo, Carlos Pellicer, Pedro Infante, Frida Kahlo, y Leopoldo Méndez.

La fibrosis pulmonar que desencadenó su fallecimiento lo había obligado a internarse desde el 1° de abril de este año en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.

Ocho y medio minutos de aplausos... a Carlos Monsiváis

Rosalía Vergara y Armando Ponce / Apro

Fue un homenaje vibrante de toda la comunidad intelectual de México, a la que acompañaron autoridades federales y locales de la ciudad, que en su momento más alto registró, tras una porra, ocho y medio minutos de aplausos alrededor del féretro con los restos mortales del escritor y periodista Carlos Monsiváis.

El féretro llegó a las nueve y veinte al Museo de la Ciudad en el centro histórico, bajo una lluvia constante.

Mañana domingo a las nueve de la mañana su cuerpo será trasladado a Bellas Artes, para realizarle un homenaje de cuerpo presente; después de la una de la tarde lo cremarán.

El lunes sus cenizas recibirán otro homenaje en el Teatro de la Ciudad.

“Ya ve que soy la única que queda –de la familia—Carlos era mi vida”, aceptó Doña María, tía de Monsiváis visiblemente afectada por la muerte de su sobrino. En algún momento los familiares del cronista entonaron un cántico protestante para despedirlo:

“Como podré estar triste, como sentirme solo, si Cristo es mi consuelo, mi amigo siempre fiel”, luego de que alrededor de unas 200 personas, ya hacía las diez y media de la noche entonaron el Himno Nacional de manera espontánea, en el patio en penumbra de la Antigua Casa de los Condes de Calimaya.

Una foto de Monsiváis hablando por teléfono mientras lo observa uno de sus tantos gatos, recuerdan el rostro del autor de Días de Guardar e innumerables obras, multipremiado por sus crónicas de la vida; el único escritor que era reconocido en la calle por la gente, según reconoció su amigo de la juventud y de su misma edad José Emilio Pacheco, con quien Monsiváis recibiría el Honoris Causa de la UNAM en septiembre próximo.

Al velorio llegaron sus amigos, escritores, políticos, intelectuales. Todos visiblemente afectados, como Cristina Pacheco, sin su marido, Elena Poniatowska, Ignacio Solares, Saltiel Alatriste, quien estuvo a punto de llorar cuando reconoció que “el mundo no es mejor sin ellos” y Rolando Cordera, sus compañeros de literatura.

Guadalupe Loaeza, la escritora, consternada aceptó que está de luto; consideró que Monsiváis dejó un vacío muy grande en la literatura mexicana. “Se están yendo los buenos”, comentó en alusión a la muerte del escritor José Saramago el día de ayer 18 de junio.

Llegaron los líderes del 68, el movimiento estudiantil en el que participó como activista y sobre el que escribió Días de Guardar, el libro que recogió sus crónicas. Hace apenas tres años fue coautor con el periodista Julio Scherer García de una profunda investigación sobre los responsables de la matanza de Tlatelolco, titulado Los patriotas De Tlatelolco a la guerra sucia.

Ahí estaba Salvador Martínez della Rocca, El Pino y Jesús Martín del Campo, hermano del activista asesinado el 10 de junio durante el Halconazo.

También vinieron políticos, como el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien montó una guardia de honor. Javier González Garza, Inti Muñoz y Alonso Lujambio, el secretario de Educación Pública (SEP). El senador Pablo Gómez resaltó que el escritor fallecido era “un hombre de izquierda comprometido con la democracia y su pueblo”. Para Manuel Camacho fue un hombre tan inteligente que se le va a extrañar.

Como parte del homenaje los asistentes gritaron una porra. También le dedicaron una goya, la porra de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuyo rector, José Narro, también estuvo presente.

Luego cantaron una estrofa de Amor Perdido, en recuerdo de la canción de donde extrajo el título de uno de sus libros de crónica más famosos, en homenaje a la cultura popular que como periodista Carlos Monsiváis retrató como nadie.

El flautista Horacio Franco, le rindió un homenaje tocando dos piezas del siglo XVII: Daphne de J. Alan Eick y la pavana Lágrimas de Jhon Dowland. Franco trabajó con Monsiváis en la búsqueda de la música del libro titulado Nuevo Catecismo para Indios Remisos, que se refería a los cantos novohispanos.

Franco colocó sobre el féretro la bandera de los colores gay e interpretó los danzones Juárez no debió de morir y Nereidas que los asistentes acompañaron entre susurros.

Después llegaron el diputado Ricardo García Saenz, los escritores Margo Glanz y Jaime Labastida; Joaquín Diez Canedo, director del Fondo de Cultura Económica y los caricaturistas Rafael Barajas, El Fisgón, José Hernández y Alfredo del Ríus, entre otros.

Bety, prima de Monsiváis, contó que fue decisión de la familia que el velorio fuera en el museo y que la obra se donara a El Estanquillo. Destacó que si existe una obra inédita del escritor pedirían que lo publicara la Secretaría de Cultura.

El 19 de junio, el periodista y escritor Carlos Monsiváis escribió en primera persona la crónica de su muerte. Todos le lloraron esa noche lluviosa desde antes de que su cuerpo llegara al Museo de la Ciudad de México.

Hacia la medianoche llegó el mariachi. Tocó Amor eterno de Juan Gabriel y Caminos de Michoacán.

Hasta el cierre de esta edición, el presidente Felipe Calderón, no había hecho acto de presencia en el velorio, aunque sí expresó públicamente sus condolencias por la muerte del escritor. Sin embargo, la autoridad cultural federal estuvo representada por Consuelo Zaizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con quien Monsiváis llevaba una estrecha amistad. A esto puede atribuirse el que la decisión familiar de que el homenaje al escritor sólo se llevara a cabo en el recinto del Teatro de la Ciudad, aceptara también el otro homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

El colapso de la capacidad militar

Francisco Rodríguez / Índice Político

SOBRE LA AHORA llamada “lucha por la seguridad” (jejeje), hay quienes, como don Emilio Treviño conceden que, medianamente, tiene razón el señor Felipe Calderón cuando afirma que el Estado mexicano no está en guerra contra el narcotráfico, y que la violencia creciente en que está inmerso el país se debe en lo primordial a enfrentamientos entre grupos criminales.

En los hechos, explica, mucha gente piensa que el gobierno no está combatiendo al narcotráfico. Si lo persiguiera, el narco respondería con una violencia inusitada y terrible, de tal alcance que podría derrotar al gobierno. Ya lo estamos viendo con eventos como el desquiciamiento metropolitano el 10 de junio en la segunda ciudad en importancia del país, Monterrey, cuando en acciones relámpago bien coordinadas, se bloquearon 41 puntos viales en la ciudad; el riesgo para el gobierno se comprueba también con la emboscada contra policías federales en Zitácuaro, Michoacán, donde narcotraficantes eliminaron a doce federales e hirieron a muchos más. De dirigir en verdad el narco su violencia y capacidad contra el Estado, se estaría en riesgo del colapsamiento de la endeble gobernabilidad en México. El teatro de la guerra se está manifestando cada vez más en zonas urbanas, metropolitanas, en las que la autoridad se halla en franca desventaja.

Y aventura don Emilio: En ese sentido, es cuestión de tiempo la derrota absoluta de la estrategia de Calderón ante el narcotráfico e incluso el derrumbe de su gobierno.

En un bienvenido correo, el lector Treviño señala que la importancia del teatro urbano de violencia en México elevará exponencialmente las dificultades para el gobierno. Comenta que recién leyó un texto especializado sobre un seminario de especialistas militares (“Denying the Widow-Maker; Summary of Proceedings; RAND-DBBL Conference on Military Operations on Urbanizad Terrain”), que le hace aventurar las crecientes dificultades que complicarán más esta lucha idiota, sobre todo por el cada vez crecientemente generalizado frente urbano de enfrentamientos.

Los conferencistas en el seminario efectuado el 24 y 25 de febrero de 1998 en Washington, comenta, se manifestaban preocupados por “la inviablidad de soluciones inmediatas a las limitaciones actuales de operaciones militares en terreno urbano (MOUT, por sus siglas en inglés) y a la altísima probabilidad de que operaciones de este tipo serán esenciales en el corto plazo”.

En el seminario se indicó que “había preocupación generalizada de que la doctrina militar actual recomienda evitar operaciones urbanas, siendo que las tendencias demográficas hacen de tal evasión una alternativa inviable (…) El evitar enfrentamientos militares en áreas urbanas, aun cuando permanece como una alternativa deseable, tiene que ser reconocida como crecientemente inaceptable y no disponible”.

Acerca de las capacidades del ejército norteamericano para operar en áreas urbanas, léase con atención lo siguiente: “El tamaño de muchas ciudades modernas es tal que las misiones tradicionales de ocuparlas y patrullarlas están probablemente más allá de las capacidades del ejército estadounidense en la actualidad y en los años por venir”. Si eso le ocurre al ejército más poderoso del mundo, ¿qué puede suceder con el ejército mexicano?

Aun cuando el libro resume el debate doctrinal antes de la experiencia de la invasión a Irak, no deja de ser ilustrativo: “Las ciudades más grandes en las que fuerzas estadounidenses han conducido operaciones de gran alcance y de combate intenso (i.e. Manila en 1945, Seúl en 1950) tenían poblaciones de un millón, pero su densidad demográfica y su extensión geográfica fueron mínimas en comparación con grandes áreas metropolitanas de la actualidad”.

El analista Eric Larson era citado para recordar que por el combate en áreas urbanas “…aun pequeños números de bajas pueden ser suficientes para erosionar el apoyo público para la intervención”.

Otro especialista, Russell W. Gleen, definía el éxito militar, de la siguiente manera: éxito = cumplimiento de la misión militar + bajas militares propias en rango razonable + número tolerable en bajas de no combatientes

El combate urbano, donde están mezclados sin distinción enemigos con civiles, significaría “entrenar soldados y marinos en la aplicación de lo que un conferencista llamó ´el switch´, o sea, una transición instantánea de un tipo de conducta y preparación mental, a otra, como demandase la situación”, circunstancia a años luz de aplicable en las fuerzas armadas mexicanas.

En la lucha urbana, se lee en el texto, el punto de contacto promedio entre combatientes, es de 35 metros, dándose el caso de que puntos frecuentes de contacto ocurran entre los 15 centímetros y los 15 metros; y sólo en casos raros, el punto de contacto sucede en rangos de 150 metros, lo cual es la norma en el combate rural, combate en el cual se basa el entrenamiento del soldado estándar.

En resumen, el tipo de enfrentamiento que más empezará a ocurrir en México será en áreas urbanas, es decir, un tipo de combate para el cual las tropas mexicanas no están preparadas ni lo estarán siquiera en el largo plazo, lo cual avizora mayores complicaciones para la estrategia de Calderón. En ese sentido, no sería raro un colapsamiento de su gobierno, si en verdad los narcotraficantes respondieran con violencia a las mediocres maniobras del Estado.

Índice Flamígero: Tenía razón Carlos Monsiváis cuando afirmaba: “México no existe… Es el sueño de un mariguano al que se le está acabando la bacha”. Descanse en paz el cronista, literato y defensor de las causas sociales más justas.

Del lavado de dinero al lavado de conciencias

Gregorio Ortega Molina / La Costumbre Del Poder

Todavía no evalúan la dimensión real de las consecuencias de la resolución de la SCJN en el caso de los 49 niños fallecidos a causa de las negligencias del IMSS -murieron porque el Instituto fue incapaz de cumplir con una prestación que por ley ha de dar a los hijos de los derechohabientes-, pero de inmediato modificaron la estrategia mediática del gobierno, y de la explicación acerca del control de cambios establecido para combatir un lavado de dólares imbatible, procedieron al lavado de conciencias que ya el presidente constitucional, Felipe Calderón, había iniciado.

Pronto se dieron cuenta de que el día de luto nacional, la garantía de atención médica a perpetuidad y el ofrecimiento de la búsqueda de una pensión vitalicia para los padres de los fallecidos, fueron incentivos insuficientes para apaciguar el natural enojo y la justificada frustración de los deudos, a quienes trajeron de Herodes a Pilatos con la promesa de una impartición de justicia necesaria, necesarísima por sobre la justicia política, sobre irracionales razones de Estado.

Los estrategas gubernamentales de los medios se adelantaron al natural enojo de esas familias que se quedaron sin uno de sus hijos, y también a la solidaria actitud de buena parte de la sociedad; antes de que se criticara abiertamente el proceder de los ocho ministros que estuvieron en contra del proyecto de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, los voceros de diferentes órganos gubernamentales y el mismísimo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, defendió la acertada resolución de la SCJN, que según sus defensores actuó con apego a la Constitución y a la ley, de ninguna manera con sentido político, como lo esperaba la sociedad ávida de sanciones, cuando lo sucedido fue lo contrario, la Corte antepuso los intereses políticos del gobierno, que no del Estado, y reordenó su resolución sin asumir el mandato constitucional que sus ministros, todos, se comprometieron a cumplir.

Algunos de esos ministros arguyeron de la inutilidad del artículo 107 constitucional que mandata a la Corte con la facultad de atracción y determina y regula lo que ha de hacer para ejercerla, pero esa molestia causada en ellos no los autoriza a incumplir con su obligación legal y política, pues mientras no sea derogado ese artículo, o reformado, la norma obliga a acatar lo que en él se expresa.

Apunta la página de Internet de la SCJN: “Los artículos 107, fracción V, último párrafo, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 182, fracción III, de la Ley de Amparo, y 21, fracción III, inciso b), de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, establecen que la Suprema Corte de Justicia podrá resolver asuntos que, competencialmente correspondan a Tribunales Colegiados, siempre que éstos cuenten con las características de importancia y trascendencia de índole jurídica, que por los problemas jurídicos planteados, dada su relevancia, novedad o complejidad, requieran de un pronunciamiento del máximo tribunal del país”. ¿Cumplieron?

Por ello andan tan apurados justificándose unos a otros, pues lo que se padece es la nostalgia. Pronto se percatarán quienes impulsan la transición, que decisiones políticas como la asumida por la Corte en el caso de la Guardería ABC, son las que han atorado el proceso de cambio, de modificación del sistema político mexicano, que no acaba de adecuarse a la realidad de la globalización y del desplazamiento de los grupos de poder locales, cuyos espacios hoy son ocupados por los poderes fácticos.

Por algo el viernes último y en conferencia de prensa específicamente convocada para el caso, el secretario Gómez Mont reconoció que en los días previos a la resolución de la Corte realizó una visita de cortesía a los ministros, “de buena fe, sin vergüenza, y no para litigar en contra de los padre” de las víctimas, pero sí para hacerlo a favor del gobierno, debió añadir.

Transcribió y anotó Fabiola Martínez, en su nota para La Jornada: “En serio, ¿un escalamiento no reglado, abstracto (acerca) de la responsabilidad política, ética y moral es la solución?… ¿Acaso un dolor tan profundo (por las víctimas) se aliviará con una injusticia?”, y apuntó que la Corte no avaló desorden generalizado en las guarderías del IMSS, sino violaciones graves de garantías individuales.

“Según el criterio de Gómez Mont -coincidente con el de los ocho ministros de marras-, la responsabilidad de los funcionarios tiene que ver con la cercanía del lugar de los hechos”. Vaya criterio, de esa manera Adolfo Hitler y la caterva de funcionarios que fueron llevados a los juicios de Nuremberg hubiesen quedado absueltos de esos crímenes de guerra, pues estaban muy lejos de Treblinka y Auschwichts.

Olvida el secretario de Gobernación, como se apunta en la Biblia, que la divinidad recomienda el cumplimiento de la ley, lo que no necesariamente coincide con la urdido o concebido por los jueces para interpretar esa ley, y que la reconstrucción de la paz social pasa, precisamente, por el combate a la impunidad y el cumplimiento irrestricto de la Constitución, no la interpretación política de ese documento, como lo hicieron los ministros de la Corte en referencia a lo mandatado a ellos por el 107 constitucional.

Con cariño, desde Bellas Artes

Martha Anaya / Crónica de Política

Me habría encantado saber –y leer—cómo habría escrito su propia crónica, esa del homenaje final que le otorgaron este domingo en el Palacio de Bellas Artes.

Tímido como era, creo que de entrada Carlos Monsiváis se habría quedado estupefacto y apabullado por la cantidad de gente y de coronas de flores –¡hasta de los Tigres del Norte– que cruzaron la alfombra roja y llegaron hasta los pies de su ataúd.

Extrañaría, sin duda, la compañía de sus gatos –aunque una fotografía con uno de ellos le acompañaría en esas últimas horas desde el Museo de la Ciudad de México—y a algunos a de sus más queridos amigos, como Sergio Pitol y Juan Villoro.

Con alegría una alegría envuelta en complicidad habría abrazado a Elena Poniatowska –“qué vamos a hacer sin ti Monsi, ahora que te has ido?”–, a José Emilio Pacheco, a Rolando Cordera, a Carlos Payán, a Julio Scherer.

Y sin duda habría reconvenido a Consuelo Sáizar por convencer a su familia para llevarlo hasta los muros blancos de ese palacio que más parece un pastelote de quince años. Mejor recordar aquellos tiempos en que la hoy directora de Conaculta le daba aventón hasta su casa o irse a tomar un café en el Sanborns de los azulejos y dar una vuelta por su museo del Estanquillo, donde finalmente reposarán parte de sus cenizas.

Una buena carcajada habría contenido –más no una sonrisa sarcástica– al ver que Jesusa Cervantes corría del santo palacio al secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, al grito de “¡Fuera! ¡Fuera, usted no tiene nada que hacer aquí!” y luego recrearía la escena con sus amigos cercanos que no pararían de reír.

Haría notar, por supuesto, la ausencia de Felipe Calderón a quien agradecería enormemente el no haberse atrevido a montar una guardia ante su féretro, so pena de que le ocurriera algo similar a lo que le pasó a Manuel Camacho Solís cuando se apersonó en las exequias de Luis Donaldo Colosio.

Le habría guiñado un ojo a Andrés Manuel López Obrador cuando éste se acercó hasta la caja mortuoria y depositó un rosario sobre ésta, y le habría susurrado al oído que aún hay mucho camino por andar y que desde el otro mundo le estaría acompañando.

Algo incómodo se revolvería al sentirse arropado por tantas banderas: la del orgullo gay, la de México y la de la UNAM.

Miraría de reojo a Margo Glantz y a Enriqueta Cabrera, desgarradas en llanto, mientras escuchaba complacido las notas de Bach que salían de la flauta de Horacio Franco y del chelista Carlos Prieto.

Sin duda pararía oreja y tomaría nota de cuantos calificativos le atribuyeron al pasar: íntegro, tolerante, caótico, noble, ético, irónico, sagaz, retórico, honesto, consecuente, observador, tímido, inteligente, audaz, crítico, afilado, hosco, mordaz, maledicente, memorioso.

Y se escabulliría al escuchar que lo ponían como “la brújula a seguir”, “el pulso de México”, “el alma de quienes no tienen palabra”, “representante de las minorías”, “observador y cronista de la cultura popular”, “el intelectual más consecuente y honesto de nuestros tiempos”.

Pero al final de cuentas, Carlos Monsiváis levantaría la mirada y daría las gracias al escuchar aquel enorme aplauso que le rindieron amigos y extraños, por su paso en esta vida y miraría por última vez ese zócalo donde tantos y tantos mítines vivió al lado de quienes aún demandan justicia, equidad y un país mejor.

Así se fue Monsi. Y muchos, muchos, quedaron en orfandad.

A quién espía el CISEN

Raymundo Riva Palacio / Estrictamente Personal

El CISEN, el órgano de inteligencia civil dedicado a la seguridad interna mexicana, regresó a los viejos tiempos del espionaje político. En esta temporada electoral está sirviendo al gobierno federal y al PAN para espiar a decenas de priistas en Chihuahua, Oaxaca, Puebla, Tamaulipas y Veracruz, donde el 4 de julio próximo habrá elecciones para gobernador. Y por el perfil de las escuchas realizadas, se puede argumentar que están buscando exhibir –porque no se pueden utilizar como prueba jurídica en un tribunal porque son grabaciones que no autorizó un juez- el uso de recursos públicos con fines electorales.

Tres gobernadores aparecen en la lista de escuchas ilegales del CISEN, de acuerdo con un documento donde están los nombres de los espiados, los números telefónicos que les fueron intervenidos y las fechas en las cuales comenzó el trabajo. Se trata de José Reyes Baeza de Chihuahua, Eugenio Hernández de Tamaulipas, cuyo espionaje telefónico comenzó en marzo pasado, y Fidel Herrera de Veracruz, que empezó a ser grabado desde febrero.

De los tres, llama la atención el espionaje Hernández, donde el candidato del PRI al gobierno Rodolfo Torre –quien no está en la lista de espionaje donde aparece el gobernador- supera a su adversario panista por más de 25 puntos. La intercepción telefónica contra Herrera, donde el candidato del PRI Javier Duarte –quien tampoco aparece en esa lista- aventaja por casi 10 puntos a su adversario panista Miguel Ángel Yunes, se inscribe en el marco de la contienda más belicosa de todas, por lo aguerrido de éste, que creó un sistema de inteligencia política en Veracruz, cuando fue secretario de Gobierno en la administración del priista Patricio Chirinos.

Chihuahua se inscribe en otra lógica. Pese a que el PRI arrancó con una ventaja cómoda del priista César Duarte sobre el panista Carlos Borruel, en las últimas semanas la contienda se ha venido cerrando, y dentro del PAN confían que están en condiciones de darle completamente la vuelta al resultado victorioso que esperaba el PRI en esa entidad. A diferencia de Tamaulipas y Veracruz, en Chihuahua sí se está espiando al candidato Duarte y a Héctor Murguía, candidato del PRI a la alcaldía en Ciudad Juárez, donde se concentra casi el 30% del padrón electoral de la entidad.

La difusión de conversaciones telefónicas, si bien no permiten fincar responsabilidad legal, sí ayudan a influir en la opinión pública y a crear estados de ánimo que se sumen a los expedientes jurídicos que sean presentados ante el Tribunal Electoral una vez concluida la elección sobre el uso de recursos públicos en el proceso, para buscar su anulación. Es el caso de las grabaciones de Herrera la semana pasada.

Esta lógica es clara en el listado de políticos espiados por el CISEN. Diez de las personas que están sometidas a escuchas desde principios de año están vinculadas a áreas de finanzas y administración en varios estados. En Veracruz, por ejemplo, se tienen intervenidos los teléfonos del secretario de Finanzas del gobierno, Salvador Sánchez Estrada, y del secretario de Finanzas del PRI estatal, Juan Manuel Rodríguez Melgarejo. Lo mismo sucede en Chihuahua, donde espían a Cristian Rodallegos, responsable estatal de Finanzas, y a Adriana Arriaga, la coordinadora financiera del candidato a la alcaldía de Chihuahua y ex líder del PRI estatal, Marco Adán Quezada.

En Tamaulipas tienen intervenidos los teléfonos del secretario de Finanzas del PRI estatal, Carlos Laurent, y de su antecesor, Óscar Almaraz, hoy candidato a una diputación local. En el caso de manejadores de dinero, el CISEN también fue ordenado para escuchar los teléfonos de Luis Vega Aguilar, secretario de Administración y Finanzas del gobierno del estado de México, y el de Gerardo María Pérez Salazar, secretario de Finanzas y Administración del gobierno de Puebla.

No hay elecciones este año en el estado de México, pero dentro del gobierno federal y el PAN están convencidos de que desde Toluca están saliendo recursos públicos para apoyar candidaturas priistas en todo el país, lo que hasta hoy, después de haber buscado afanosamente en las cuentas públicas mexiquenses, no han podido probar. Puebla es un estado donde se espera una de las elecciones más cerradas, con la recuperación del candidato de la alianza, Rafael Moreno Valle, frente al priista Javier López Zavala. El CISEN no sólo está espiando a Pérez Salazar, sino también a López Zavala, a quien le intervinieron el teléfono desde febrero.

No se registra en esa lista escuchas ilegales contra el gobernador Mario Marín, pero sí en contra del diputado federal mexiquense Alfonso Navarrete Prida, el único nombre que no parece tener lógica dentro del esquema del espionaje telefónico que se dibuja en esa lista. Pero la lista deja entrever el espionaje a personas cercanas a gobernadores, como en Veracruz, donde están espiando al dirigente del PRI estatal, Jorge Carvallo, y al candidato priista a la alcaldía de Coatzacoalcos, Marcos César Theruel, , y en Tamaulipas, donde espían a Ricardo Gamundi, líder estatal del PRI.

En esta lista del CISEN se aprecia un enorme interés en la elección en Veracruz, donde se pone en juego el futuro político del gobernador Fidel Herrera, y el propio prestigio del presidente Felipe Calderón y su esposa, Margarita Zavala, quienes impusieron a Yunes como candidato del PAN y parecen estar dispuestos a todo –inclusive avalando la existencia del espionaje telefónico, realizado por los subalternos de su incondicional, el director de ese organismo de inteligencia, Guillermo Valdés.

Detrás de Veracruz, el mayor interés que se refleja en esa lista es sobre Tamaulipas. Espiar a cinco altos funcionarios y candidatos en un estado donde el candidato del PRI tiene tan amplia ventaja sobre el del PAN, Julián Sacramento, no parece entenderse fuera del contexto de las denuncias del propio aspirante panista y de la dirigencia nacional del partido, sobre la penetración del narcotráfico en el proceso electoral tamaulipeco.

En los últimos días han aparecido algunas grabaciones telefónicas a priistas que el partido denunció como obra del CISEN, o en el caso específico de Veracruz, como manufactura de Yunes, según Herrera. El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, respondió que el CISEN no realiza espionaje político. Es natural. No podría admitir la acción ilegal de las escuchas telefónicas que el CISEN, en efecto, está realizando.

Los yanquis los explotaron como braceros, el gobierno de México se robo sus ahorros y ahora los tratan como limosneros

Pedro Echeverría

1. Eran más de cinco mil trabajadores mexicanos miserables que en 1942 (hace ya 68 años), en medio de la Segunda Guerra, decidieron enlistarse para trabajar como peones en los campos de los EEUU. Este país los necesitaba porque varias decenas de miles de sus trabajadores fueron convertidos en soldados para trasladarse a Europa y Asia a defender los grandes intereses de los negociantes yanquis. Pero allí en los campos de California y Texas estuvieron los obreros mexicanos trabajando más de 16 horas diarias por salarios sumamente bajos para que ese país del Norte pudiera tener algodón, verduras, frutas, comida y servicios. Con un plan de ahorro, año tras año hasta 1964, entregaron el 10 por ciento de sus salarios a la caja que les garantizaría una especie de seguro de vida familiar; pero los administradores gringos se lo entregaron al gobierno mexicano y éste lo empleó, se lo robó y ahora no quiere devolverlos.

2. Estos trabajadores llevan 12 años reclamando la devolución de esos ahorros, que si les aplicaran intereses sobre intereses serían muchos millones de pesos. Desde el gobierno priísta de Ernesto Zedillo (cuando lograron organizarse) han venido realizando plantones, marchas, mítines y ninguna autoridad los ha querido escuchar. El pasado abril declararon: “Ante la insensibilidad del Gobierno Federal para atender con justicia a los ex braceros, el Frente Nacional de Organizaciones Braceroproa y el Centro Jalisciense del Adulto Mayor y el Migrante convocan a la marcha que demanda el pago en una sola emisión, y a la brevedad, del apoyo social de 38 mil pesos a cada ex bracero, viuda o sus hijos, otorgado mediante el Fideicomiso de Apoyo Social 2016 a Ex Trabajadores Migratorios Mexicanos. Los contingentes saldrán de Tamaulipas, Jalisco, Guerrero y Chiapas para coincidir en Tepeji del Río, Hidalgo, el sábado, aniversario del asesinato del líder campesino Emiliano Zapata”.

3. No debe olvidarse que cuando los “braceros” llegaron a los EEUU a vender sus brazos, que al parecer era lo único que tenían, México estaba también entrando a la guerra mundial aquel inolvidable 23 de mayo de 1942. Se usó como pretexto el ataque a los buques petroleros Faja de Oro y Potrero del Llano en el Golfo de México, pero la realidad es que México con este gesto iba a la cola de EEUU que, después de jugar hábilmente entre aliados y alemanes y pertrecharlos de armas, se decidió por los aliados. En aquellos años de 1939 a 1946, escribe Leopoldo Solís, se aprecia en México una constante disminución de la participación de los sueldos y los salarios en el producto social, pero, por otro lado, las utilidades de los propietarios fueron en constante aumento. Es decir, como siempre ha sucedido en la economía capitalista mexicana, los trabajadores producen y un puñado de ricos disfruta.

4. Según documento que me han enviado, la Alianza de Ex braceros del Norte 1942-1964, está conformada por alrededor de cinco mil ex braceros mexicanos que viven en estados como Washington, Arizona, California, Chicago y Nevada, que “están igual de pobres” que las personas de aquí y que por lo tanto, “si el gobierno de México se robó su fondo de ahorro, es una deuda histórica nacional, es un fraude nacional, no es un dinerito allí nomás, son miles de dólares que se le tienen que devolver… A pesar de estar viejos y cansados, a pesar de los años, los ex braceros seguimos en lucha en contra de la injusticia, insensibilidad, discriminación, mentiras, atropellos, segregación, burla y menosprecio que han hecho el Gobierno Federal y el H. Congreso de la Unión hacia nuestra legítima y justa demanda”.


5. ¿Estará el gobierno panista, después de 10 años en la Presidencia, esperando que todos la exBraceros mueran por vejez y miseria? ¿Lo mismo esperan los senadores y diputados que se dicen representantes del pueblo? De todas maneras esta batalla también corresponde a los hijos y los nietos; no puede terminarse porque no están pidiendo una ayuda o una limosna sino reclamando por un robo o un fraude del que fueron objeto. Lo malo es que también el pueblo mexicano, explotado miserable, que también está luchando para defenderse y por su vida, no ha podido unificar sus batallas en una sola: unificarse para la paralización del país hasta que se den solución a todos los problemas de los trabajadores. Porque la lucha de los exbraceros es absolutamente justa y humana, pero también las otras miles de batallas defensivas de los trabajadores y sus pueblos. Nos seguirán destruyendo mientras estemos aislados y nada de lo que hagamos será importante.

6. ¿Alguien tonto podrá negar que la lucha de los exbraceros es justa y humana? ¿O las batallas de los electricistas por su trabajo, la de los mineros, la de los oaxaqueños contra su gobierno, las del EZLN a favor de los indígenas, la de AMLO contra el despojo de que fue objeto o las de la CNTE contra el charrismo sindical y la mala educación? Todas ellas son batallas absolutamente justas pero ineficaces porque sólo han salido a la calle a desahogarse, a hacer calistenia, la mayoría de las veces a confrontarse, pero sin lograr nada. Espero que esas batallas que llevan ya más de 50 años hayan servido de experiencia para entender que mientras no arrodillen al gobierno y que este soluciones los problemas, sirven de poco y hoy de nada. En vez de 10 marchitas organicemos una pero que paralice las ciudades bloqueándola en todas sus partes. Pero eso sólo se logra con acuerdos unitarios.

7. Mientras los exbraceros entran a sus 13 años de lucha por una pequeña demanda: 38 mil pesos devaluados que se les niega, el gobierno de Calderón autoriza miles de millones de pesos “copeteados” a los festejos ridículos y tontos del bicentenario. Yo sólo espero que así como aquel pasaje en el que los ricos, hacendados e intelectuales vitoreaban al dictador Díaz en las fiestas del 100 aniversario de la independencia mientras la revolución estallaba en los campos de todo el país; se repita el mismo pasaje el próximo septiembre –días antes o días después- con una nueva revolución que por ahora no se asoma a la vista pero que es muy posible porque el gobierno está desesperado y no encuentra otro camino para gobernar que no sea lanzar a todo el ejército y la policía a las calles para evitar cualquier protesta o levantamiento del pueblo.

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