martes, enero 19, 2010

Terremoto en Haití - Carmen Aristegui (TVRip)

El siguiente video es de un programa que salio por CNN, la conductora es Carmen Aristegui y es la mejor periodista mujer en México, a pesar de que esta en CNN (que por nada es una cadena de noticias confiable), Aristegui ha sido censurada por el monopolio Televisa y habla de la tragedia en Haití, aunque sea por CNN, cadena donde tiene un pequeño espacio y hace excelentes programas.

Hay otros programas de ella misma respecto a dicha tragedia, espero que esta entrega resulte un exito y den las gracias para animarme y subir los otros programas.

Que tengan buen día y gracias por su atencion. BZ

Capturas de pantalla:




Formato: Divx
Resolución: 720 x 480
Compresión: Winrar
Archivo: terremoto_haiti_saintIV-rmx.rar
Dividido en: 3 partes, 2 de 98MB y una de 53.1MB
Peso: 254 MB aproximadamente
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¿Van ganando los sicarios, manteniendo a raya a los militares?

Álvaro Cepeda Neri

Que los dioses nos amparen y como dice la letra del bolero: “Dios no lo quiera...”, que los capos con sus cárteles, que tienen a su servicio un ejército de sicarios, profesionales del servicio de inteligencia para vigilar y espiar, ingenieros en computación, contadores y expertos financieros, y todo lo que vemos sea producto del ilusionismo, pues hasta ahora y tres años después, la guerra, si bien de baja intensidad, pero una señora guerra donde los homicidios, de la cifra que se ha dado a conocer, rebasa los 20 mil en el contexto de la resistencia a cambiar de estrategia calderonista (la cual ha sembrado ya la desconfianza entre las fuerzas armadas y éstas víctimas de las tentaciones de la corrupción que es otro enemigo) y de no hacer uso de lo dispuesto en el Art. 29 constitucional.

Los sicarios (de sicarius, el delincuente dedicado a cometer homicidios, en el latín del derecho penal romano, como explica el pensador Teodoro Momsen, en su extraordinario libro: Derecho penal romano), son los matones de los narcos.

Están armados hasta los dientes por el contrabando de armas a través de la venta estadounidense y que también les sirve a los narcotraficantes para lavar dinero, son individuos totalmente despiadados y, por lo mismo, dispuestos a luchar a muerte contra los soldados y policías que cumplen con su deber exponiendo sus vidas (y hasta la de sus familias, en quienes cobran venganza los sicarios, como en el caso del marino que participó en la muerte de Beltrán Leyva, y a cuya madre, hermanos y sobrinos asesinaron por ese y hecho).

Todos los cárteles del comercio de cocaína y drogas químicas ya hicieron del país la otra Colombia y, por lo que estamos viviendo con el terror y la barbarie en aumento a partir de la eliminación de Beltrán Leyva (que operaba, como su centro principal, en el sur de Sonora, sobre todo en el municipio de Cajeme y su cabecera Ciudad Obregón, al amparo y protección de los Robinson-Bours: Eduardo, el ex desgobernador, y Ricardo, su hermano).

Después de esto, muy posiblemente los sicarios han recibido la orden de ensangrentar más a todo el territorio, para cosechar el pánico entre la población civil que ya está demasiado angustiada.

Tener a raya a los militares y policías como estar pasando por encima de los servicios de inteligencia (Sedena, Marina, Gobernación, etc.) del gobierno federal, significa que los narcos van ganando la batalla y están dispuestos a no ceder e incluso a tratar de someter, por la fuerza de las armas, al gobierno calderonista que tiene a los mexicanos encajonados pero en la mira del fuego cruzado.

Las tres fuerzas armadas, con todo y las presiones, deserciones y divisionismo interno, han llevado a cabo la estrategia de una guerra que no es una guerra, mientras les lleven nuestras críticas y las documentadas violaciones a los derechos humanos. Y no vemos que los sicarios sean vencidos, con todo y las bravuconadas oficiales (“no nos amedrentan”, etc.) que sólo exhiben la barbarie de los sicarios dispuestos a todo.

Haití, Dios, Caín y Saramago

Ricardo Rocha

El gran José imagina un regateo entre Abraham y El Señor sobre la destrucción de la pecaminosa Sodoma: “Que mi señor no se enfade si yo le pregunto una vez más, Habla, dijo el Señor. Supongamos que existen sólo diez personas inocentes(...) y el señor respondió: Tampoco la destruiré en atención a esos diez”.

Y luego entre Abraham y un iracundo Caín: “El señor empeñó su palabra, A mí no me lo ha parecido, y tan cierto como que me llamo Caín… que, existan o no inocentes, Sodoma será destruida”.

Esos son sólo dos fragmentos estrujantes de la más reciente novela de José Saramago que está siendo quemado en leña verde por las buenas conciencias, sobre todo cuando se atreve a preguntar: “Qué diablo de dios es este que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín”.

La verdad, yo no creo que sea una obra sacrílega. Es en todo caso un largo e irreverente cuestionamiento sobre lo que aprendimos en el catecismo: ¿Qué no es Dios el supremo creador y nunca el destructor? ¿Qué no es el más amoroso con sus hijos? ¿Qué no todo el orden de los seres y las cosas proceden de Dios que todo lo sabe? ¿Qué Dios no es en esencia justo?

Yo no se cuántos hombres y mujeres inocentes había y hay en Haití. Pero supongo que lo eran la mayor parte de los 70 mil ó 100 mil ó 200 mil muertos. Y la inmensa mayoría de los 3 o 4 millones de sobrevivientes sin casa ni destino. Y más aun que, los que además de haber perdido a padres, hijos y hermanos, ahora se pierden a sí mismos en el horror de la degradación humana por el saqueo o la disputa feroz de pan y agua con el de junto.

Más allá de la devastación, el llanto y el caos me encuentro con un reporte científico de la BBC de Londres que me estremece tanto o más que las imágenes de las horas recientes: “Haití, la peor geografía para un terremoto”. En él se explica que Haití está situado en un vasto y complejo entramado de placas tectónicas y fallas geológicas entre las que destaca la falla de Enriquillo. Una especie de cuerda de arco a 15 kilómetros de la costa haitiana; desde cuyo epicentro se disparó con precisión mortífera el terremoto, justo desde mero enfrente de Puerto Príncipe, con sus tres millones de amontonados habitantes; para colmo, el hipocentro (el punto debajo de la superficie terrestre, donde comenzó la ruptura) fue a sólo 8 kilómetros del endeble basamento de la ciudad.

Si el epicentro hubiera sido unos pocos kilómetros a la derecha o a la izquierda y el hipocentro un tantito más abajo, los efectos serían de la mitad, la tercera o la cuarta parte de devastadores. Pero la naturaleza o alguien más decidió que fuera tal como ocurrió.

Por cierto, yo nunca he dudado de su existencia. Pero creo que nos debe una explicación… y un milagro.

Mensaje de Andrés Manuel López Obrador sobre el Patrimonio Nacional


http://www.youtube.com/watch?v=e0Q64Mwzx6g

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