lunes, mayo 24, 2010

Diego y el año en que vivimos en peligro…

A Puerta Cerrada / Marcela Gómez Zalce

• Con el PAN, ¿todo es felicidad?

• La PGR y su incongruencia

Las leyes, mi estimado, ubican la seguridad de todos por encima de la seguridad de uno. Extraordinario inicio de semana con la lindura de los detalles del encerrón de la PANdilla, donde se hizo lo imposible para vender la imagen que con pan la vida es más sabrosa y que con pan todo es felicidad cuando la cruda… realidad muestra un partido en el poder (del no poder) fracturado, desanimado y derrotado en los frentes contra la “ridícula minoría”, en el social, en el electoral, y por más pirotecnia discursiva y triunfalista los blanquiazules van de tumbo en traspiés perdiendo balance y brújula en este cuarto año de (des)gobierno ya marcado como el año en el que vivimos en peligro.

Y para documentar esto, nada como el regalito de fin de semana, my friend, del inédito caso del levantón de Diego Fernández de Cevallos, donde el viernes apareció en una impactante imagen dejando algunas sugerencias sobre la verdadera mesa de la real politik y sus mensajes de poder.

Sobre todo cuando Felipe, encantado de haber nacido recibiendo ovaciones en el Capitolio —y aventándose a la alberca (sin agua) legislativa norteamericana, se dio a la espléndida tarea de criticar y exigir la prohibición de la venta de armas de alto poder violentando una arista de la ley que lo permite y que ha sido motivo de bate y debate doméstico— dibujándole una sonrisa, fue recibido con su realidad del Vive México: la imagen del Jefe Diego que descompuso, congelando la alegría presidencial y tirándole los dientes, el día de su regreso (sin gloria) de gira en Washington, al aparato federal de disfuncionales que no han podido avanzar en las investigaciones y la información de su paradero.

El delicado hecho, que dijo todo de las formas y el fondo, desencadenó una simpática presión de los familiares, aliados y socios del ex candidato presidencial que por todos los medios han solicitado la retirada del (des)gobierno, de los medios para que callen y así despejar el camino para entrar en el contexto de la negociación con... con... personajes que hasta la fecha, mi estimado, no han dado señales de querer negociar, yes?

Y así, la tristemente célebre PGR, haciendo gala del sello del gymboree (con minúsculas) presidencial de la incongruencia y después de anunciar con bombo y platillo la atracción de la investigación, salió con su fantástico detallito de que con la pena, pero se suspenden las pesquisas para hallar a Fernández de Cevallos, lo que origina la primera (de muchas) ingenua pregunta: ¿dónde quedó la cacareada confianza en la denuncia...? Esa que dibuja la confianza en la protección de las autoridades, pues. Con eso de que toooodo el tiempo se está pregonando en diversos micrófonos —que incluyen el legislativo— de que la ciudadanía haga sus denuncias para que la autoridad pueda hacer su trabajo, amable lector, no se entiende (¿o sí?) por qué en el caso de Fernández de Cevallos se le otorgue un trato distinto, sin mencionar...

Que el (des)gobierno federal y en otros ámbitos jurídicos se ha estado buscando (y discutiendo) la prohibición de negociaciones directas en casos de secuestro… y ahora sale Arturo Chávez Chávez con el inédito e ilegal disparate de replegarse como autoridad evadiendo cumplir lo que es su obligación.

O mejor aún… ¿de qué sirven millones de pesos gastados para obligar a todas las entidades a tener unidades antisecuestro y de inteligencia si los responsables en una coordinación para este tipo de lamentables acontecimientos, o sea la PGR, recule, evada, se disculpe y se retraiga de una importante investigación justificando su inédito proceder consciente de cuál es el bien que se debe privilegiar...?

¡¡Chingón!!

Porque a estas alturas del aciago partido de grandes ligas, la señal que envía el (des)gobierno de Felipe Calderón es por demás delicada, volátil y disímil con todo y que se haya desgañitado en los micrófonos de la asamblea azul afirmando que junto a Diego vamos a pelear muchas batallas… cuando la única trascendente y prioritaria es, por el bien de su (des)gobierno, resolver su paradero y llevar una investigación hasta sus últimas consecuencias.

Aunque conociendo las aristas del modus operandi de esta “ridícula minoría” que desafía a Felipe & his dumb squad, seguramente la perversidad de este juego de señales de poder está lejos de terminar…

La gran duda es si estos disfuncionales ya midieron el tamaño del enemigo… que se sigue moviendo y que golpea en otra arena, my friend, a uno de sus más polémicos cómplices.

Diego, clave oscurecida

Diego, clave oscurecida

Omisiones y vehemencia

Panismo sometido a FC

Peña Nieto, marcado

Julio Hernández López / Astillero


Por encima de todo, de resoluciones infames sobre el caso Paulette, asambleas nacionales panistas, finales futboleras y otros mecanismos de distracción, la clave de desenlaces trascendentes sigue siendo el caso Diego.

La decisión de la familia Fernández de Cevallos, de pedir a las autoridades federales que se hagan a un lado para dar paso a las negociaciones con los secuestradores, es una posterior confirmación indirecta de la autenticidad de la fotografía y el texto que el pasado jueves por la noche llegó a algunos correos electrónicos de periodistas que se abstuvieron de instalar sin convalidación esos datos en las redes sociales hasta que el noticiero nocturno de Milenio Tv decidió colocar la imagen en sus pantallas, en un acto de imprecisión profesional que con frecuencia en esa empresa se adjudica a los flujos internéticos, más con enojo competitivo que con razones firmes.

La petición familiar de retiro de las aparatosas medidas de supuesta ayuda y protección que los gobiernos federal y queretano han puesto en torno a los escenarios del drama de DFC indica de entrada que, al menos para consumo público, no coinciden los intereses de la parentela afectada y de las autoridades supuestamente solidarias. Un diálogo mínimo, fluido y confiado entre esas dos partes habría hecho innecesaria la elaboración de una petición por escrito que fue dada a conocer a los medios de comunicación, pero que ni siquiera fue aceptada más que de palabra, al anunciar la PGR que se retiraría de las indagaciones que previamente había atraído a su jurisdicción, pero manteniendo en las afueras del rancho queretano de la desgracia una evidente vigilancia policiaca que a cualquier delincuente que lea diarios o se asome a Internet le haría ver que se sostiene el esquema de vigilancia e intervención que los familiares de Diego pidieron fueran retirados. Si un pretexto quisieran quienes desaparecieron a DFC para actuar mortalmente contra él, bien pudieran utilizar ese incumplimiento expreso de dejar el campo libre.

La vehemencia oratoria de Calderón en la recién pasada asamblea nacional panista también agrega elementos para la suspicacia, sobre todo conforme van difundiéndose más referencias de la ríspida relación política que con largueza han mantenido el ahora ocupante de Los Pinos y el fanfarrón abogado enriquecido mediante tráfico de influencias, colocación de piezas propias en los tableros de la PGR y la Suprema Corte que luego resolverían positivamente los asuntos de enorme cuantía que les presentaba el jefe promotor de sus puestos, y el uso mercantil de las relaciones políticas entabladas con el salinismo, con el PAN como moneda de cambio. Calderón llegó a decir que con DFC habrá todavía muchas batallas por librar, lo que pareciera ser un guiño a las suposiciones de quienes creen que el secuestro es un montaje hecho para promover la candidatura presidencial de 2012. Si el queretano aparece con vida y deci- de aceptar una postulación así, las palabras de FCH tomarán la dimensión de un sombrío destape que llevó a los panistas reunidos en su asamblea nacional a corear el nombre del brioso personaje ahora esfumado. Si la suerte fuera adversa, y el final fuera luctuoso, parecería entonces que las arengas calderonistas hubieran tenido como propósito dejar a salvo la figura del orador y disipar percepciones poderosamente estremecedoras.

A pesar de esos aires tubios, y tal como sucedía en los peores tiempos del PRI-gobierno, la asamblea nacional panista recién celebrada prefirió someterse a los discursos fantasiosos y las estrategias fallidas del hombre que ocupa el poder federal que enfrentar las causas reales de la evidente postración de su partido. Muchos de ellos controlados por la fuerza avasalladora de la nómina, temerosos otros de los riesgos que corren quienes se enfrentan al colérico mandamás, los asambleístas del panismo escucharon a Felipe Calderón llamarles a despertar, a hacer a un lado divisiones y a unirse en torno a hipotéticas buenas intenciones. El PAN-gobierno quedó asi bajo control estructural pleno de la corriente de Los Pinos, que aspira a colocar en 2012 una plantilla de candidatos que le permita aspirar a sobrevivir.

A la negativa valoración política y social de hechos macabros contribuyó el procurador de gobierno del Estado de México, Enrique Peña Nieto, cuyo vocero en asuntos criminales, Alberto Bazbaz, tuvo a bien escenificar uno de los más lamentables episodios de la larga historia judicial mexicana de vergüenzas, al anunciar que la muerte de la niña Paulette Gevara fue accidental. La irritación generalizada que provocó ese dictamen insostenible amenaza con alcanzar el futuro electoral del responsable real de todo el guisado, el mencionado Peña Nieto, que acabó respaldando la conducta de su dependiente, Bazbaz, y así asoció su propia figura al desenlace tan lleno de impugnaciones populares. Aun con toda la fuerza propagandística de las televisoras nacionales a su facturado favor, de los escarceos románticos y presuntamente matrimoniales que estén en su agenda gaviotera, e incluso de cam-peonatos balompédicos alcanzados mediante increíbles fallas finales de algunos jugadores adversarios, Peña Nieto queda marcado por el caso Paulette. Si la memoria nacional no es antes abatida, el 2012 de Peña Nieto podría estar científicamente en riesgo a partir de mayo de 2010, entre el hueco de una justicia efectiva y el colchón de intereses y complicidades protegidas.

Astillas

La jefatura de la Iglesia católica romana en México se anuncia en disposición de infringir disposiciones legales correspondientes al levantamiento del censo de cada década, pues en los cuestionarios por escrito hay una incorrección (al agregarle a la denominación el término "reformada") que podría llevar a equívocos de los encuestados y a la dismi- nución porcentual del número de miembros de ese rito que indudablemente son cada vez menos, pero ahora Norberto Rivera y cía. pretenden disimular argumentando pifias metodológicas... ¡Hasta mañana

Un nuevo PAN

La SCJN es un instrumento de poder

Gregorio Ortega Molina / La Costumbre Del Poder

Dejémonos de zarandajas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y su equivalente en otros países es sólo un instrumento de poder. Desconocerlo o negarse a aceptarlo equivale a vivir en la ingenuidad o a apoltronarse en la utopía. Parafrasear a Agustín Legorreta cae como anillo al dedo: administrar justicia es un asunto de pantalones largos.

Jueces, magistrados y ministros, en el caso del fuero federal, que es el de peso político, conocen su función y desempeñan el papel que se espera de ellos -naturalmente no conforme al mandato constitucional-, de acuerdo a los compromisos contraídos en la medida en que ascienden por el escalafón y desarrollan la necesaria comprensión de los requerimientos del Estado y de los poderes fácticos para que el poder funcione.

El Poder Judicial es una correa de transmisión, de otra manera no se entiende el descarrilamiento con el que sus propios pares pusieron en orden al juez Baltasar Garzón, o la manera en que la SCJN determina sus afinidades electivas para sancionar a unos, exonerar a otros y poner en el limbo, en la inexistencia judicial a otros más.

Mariano Azuela Güitrón, quien en su momento me pareció un ser humano sensato y un funcionario honesto con el compromiso contraído con el mandato constitucional por él asumido, prefirió abrir la boca en cuanto se jubiló, para aceptar su presencia en Los Pinos en los históricos instantes en que los representantes de los poderes fácticos decidieron instrumentar la estrategia jurisdiccional para evitar que Andrés Manuel López Obrador llegase a la candidatura del PRD, ya no digamos a la presidencia de la República. No supieron hacerlo en su momento, y perdieron la oportunidad de guardar silencio después, pues si alguna esperanza despuntó acerca de la independencia del Poder Judicial de la Federación, las declaraciones de Azuela confirmaron que todo sigue igual: el Ejecutivo, en materia de administración de justicia como instrumento político, es el que manda.

De otra manera no se entienden las resoluciones de la SCJN por los casos de Lydia Cacho y Atenco, que concluyeron en la tácita exoneración de Mario Marín y Enrique Peña Nieto. En su momento el Poder Ejecutivo hizo que también fuera del interés político de los ministros el sentido de sus resoluciones, como también hoy inciden en el rechazo del caso de Hugo Alberto Wallace y las sentencias light pronunciadas por Augusto Octavio Mejía, juez Decimosexto de Distrito en materia penal, porque es precisamente el momento en que está por revisarse la Ley Antisecuestro, y lo que la SCJN dijese hubiera podido considerarse como mensaje o intromisión en las decisiones del Poder Legislativo, lo que no es el caso.

La información es puntual: La Corte rechazó atraer el caso del secuestro y posterior asesinato de Hugo Alberto Wallace por razones técnicas, que deja fuera de su interés el delito por el que se implantaron penas de 20 años cuando el juez federal debió haberlas impuesto por 60 años, según Isabel Miranda de Wallace.

José Ramón Cossío Díaz aseguró que determinar las penas correspondientes no es labor de la SCJN, sino de los jueces y, en su caso, de la PGR. Reconoce el ministro -todavía no alcanza el nivel de comprensión y funcionalidad que de él necesita el sistema- que la Procuraduría le avienta el tema a la Corte, y que en el caso sí pueden determinar si fueron o no adecuadas las penas impuestas, pero que no es de su competencia elaborar un sistema de penas.

Los ministros son quisquillosos en cuanto a lo que se les solicita y en las respuestas que deben dar a la sociedad y a sus patrones. Es posible -no tengo en mi poder la solicitud de atracción por parte de la PGR- que el procurador Arturo Chávez Chávez se equivocara, pero creo que Isabel Miranda de Wallace y todos los interesados en sancionar a los secuestradores, lo que esperaban era una revisión de las sentencias del juez Decimosexto de Distrito en materia penal, para que el mensaje no fuese para el Legislativo sino para los delincuentes.

Si Arturo Chávez Chávez pidió la elaboración de un sistema de penas, puede pensarse que se equivocó a propósito, para dar pie a que la SCJN rechazara la atracción, con el fin de enviar un claro mensaje, éste sí clarísimo, a Isabel Miranda de Wallace, para que ya no se entrometa en la Ley Antisecuestro, que es de su inspiración, ni en los ámbitos de procuración y administración de justicia.

A la sociedad debe quedar claro: A Lydia Cacho, los “secuestradores” de Atenco e Isabel Miranda, justicia; a Mario Marín, Enrique Peña Nieto y los secuestradores de Hugo Alberto Wallace, justicia y gracia.

¡Fuera Calderón!

Martha Anaya / Crónica de Política

La mesa de votación estaba en el Parque México, frente a lo que los vecinos llaman “La mujer de los cántaros”: dos sillas, una urna de cartón y una pequeña mesa con carteles colgando.

Los carteles y volantes que obsequiaban dos mujeres mayores a los transeúntes mostraban un bote negro de basura abierto, del que asomaba medio rostro de Felipe Calderón. Sólo se veían sus ojos, cejas, la frente amplia y el cabello.

En letras capitulares negras se leía: “¡Abajo el mal gobierno! ¡Fuera Calderón!” Líneas abajo, en tinta roja, anunciaba: “Consulta Nacional Para exigir la destitución de Felipe Calderón 22, 23 y 24 de mayo, 2010.”

Los organizadores firmantes eran el Comité Civil Nacional para la revocación de mandato a Felipe Calderón, Asamblea Nacional para la Resistencia Popular y el Congreso Social.

La zona del parque estaba pletórica de paseantes. En la pérgola se llevaba a cabo el “Encuentro de Culturas Indígenas” y estaba de lo más animados. Se vendían plantas de Xochimilco, collares de Colombia, dijes peruanos, quesos poblanos, enchiladas con distintos moles, nieves y aguas de nopal; y había música de distintos países.

Todo ello se sumaba al habitual ritual dominguero de los chamacos y familias en bicicleta, los talleres de pintura, los bailarines de tango, las gaitas a un lado del lago de los patos, los chicharrones, los globos y las decenas de paseantes con sus perros.

Sin embargo, la mesa de votación para la revocación de mandato apenas si la miraban. Para las cuatro de la tarde del domingo apenas si habían recabado unas cincuenta firmas. El sábado, según nos dijeron, juntaron unas cuatrocientas.

La boleta de votación constaba de una sola pregunta: “¿Está Usted de acuerdo en la destitución (revocación) de Felipe Calderón como Presidente de la República Mexicana? Sí o No”.

Lo único que se requería para votar era ser mayor de 15 años y una identificación. Cruzaba uno la boleta en el Sí o en el No, apostado tras una media caja de cartón, y la depositaba en la urna. Hecho lo cual le pintaban una rayita en el pulgar con un plumón negro.

Pero como decía, prácticamente nadie se acercaba a aquella mesa silenciosa donde dos mujeres sentadas bajo el rayo del sol aguardaban que alguien se acercase a participar. Ni siquiera ofrecían los volantes que tenían sobre la mesa y en cuya parte posterior se leía entre otras cosas:

“Calderón y su camarilla de empresarios políticos vendepatrias, están empeñados en imponer el terror y la violencia para consumar la destrucción de la Nación Mexicana, el despojo de lo que nos queda en bienes naturales, derechos sociales y soberanía nacional.

“Si no los detenemos y luchamos para echarlos del gobierno desde ahora, México va a terminar siendo un simple corredor de droga, un territorio totalmente saqueado, una neocolonia”.

Nadie increpaba a aquellas mujeres ante la urna, pero tampoco se detenían. Apenas una ojeada al pasar para medio mirar de qué se trataba y seguían en lo suyo.

Recordé el escándalo que se armó cuando Porfirio Muñoz Ledo declaró hace un par de años algo así como que había que derrocar a Calderón, pedir la revocación de mandato. Recordé también la campaña hace unas semanas en Facebook que pedía firmas para la revocación de mandato. ¡Juntó decenas de miles en unos cuantos días!

Muy distinto a lo que veía ahora en el parque. La participación in situ de la gente, dista mucho de la que se ve en las redes sociales –quizás por el escudo del anonimato en muchos casos–, aunque ambas sean reales.

¿Quién puso a Diego?

David Aponte / Contraflujo

Hay dos interrogantes en la desaparición de Diego Fernández de Cevallos – el gobierno federal todavía no lo coloca en la categoría de secuestro, aunque existen indicios de que se trata de este delito-: quién o quiénes dieron información pormenorizada de los movimientos del político panista, quién o quiénes lo “pusieron”, como se dice en el argot policíaco, y qué banda, grupo armado, organización criminal pudo haber perpetrado este hecho de alto impacto.

Las dos preguntas son fundamentales para entender cómo y qué grupo planeó la emboscada. En primer lugar, cómo se hicieron del mapa de información, los datos, los horarios, las rutinas de El Jefe Diego, que permitieron una emboscada sin testigos. En segundo lugar, qué banda de secuestradores o banda armada pudo operar el hecho de tal envergadura, que tuvo un estruendoso impacto político y mediático.

La información del entorno de Fernández de Cevallos es primordial para comenzar a jalar el hilo, para tirar de un cabo. La Procuraduría General de la República debió estar indagando al primer círculo del ex candidato presidencial del PAN, antes de anunciar el sábado la suspensión de las pesquisas a petición de la familia, a solicitud expresa de Diego Fernández de Cevallos Gutiérrez, con la intención de favorecer una posible negociación con quienes tienen en su poder al panista.

Por ejemplo, en el secuestro del ex secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, ocurrido en diciembre de 1997 en la ciudad de México, el entorno del veracruzano vendió datos de la rutina del secuestrado. Un familiar del chofer del político priísta entregó información vital a una cédula de la banda de Andrés Caletri. En enero de 2002, uno de los integrantes del grupo delictivo, Erick Sánchez Chávez, El Erick, confesó ante la Sección de Inteligencia de la Policía Federal (Preventiva) cómo ocurrió el operativo, la emboscada y el monto del rescate.

El segundo elemento es crucial e inquietante para las autoridades federales: qué banda está detrás de la desaparición-secuestro de El Jefe Diego, qué organización criminal tiene el nivel de información y preparación para realizar una operación de este tipo, que en unas horas estalló en el rostro de los medios de comunicación y de la clase política de México. Por supuesto, el calibre y la preparación del grupo es un tema de primer orden, porque los integrantes sabían el decibel mediático y político que iba a levantar el hecho.

¿Por qué es primordial saber qué grupo planificó y concretó el plagio de Diego Fernández de Cevallos? El dato es fundamental porque la Policía Federal (Preventiva) lanzó a finales de los años 90 una batida contra las organizaciones más peligrosas dedicadas al secuestro. Durante esos años, fueron desmanteladas las bandas de Daniel Arizmendi, El Mochaorejas; Andrés Caletri; Los Pochos; Marcos Mancera Tinoco, El Coronel; Juan Carlos Díaz Hernández, El Jarocho; Héctor Peralta Vázquez, El Papis; Víctor Anduaga Campos, El Negro, y Modesto Vivas Urzúa, La Víbora. Los grupos de secuestradores tenían en el sector empresarial y en el asalto a bancos y joyerías sus principales fuentes ilícitas de ingresos millonarios. Apenas habían tocado a la clase política con el plagio de Gutiérrez Barrios.

Durante los tres primeros meses del año 2000, agentes policíacos capturaron a Caletri y a Mancera Tinoco. A partir de ese momento, las autoridades federales dieron por descontado que habían desmantelado, desarticulado a las bandas de secuestradores más fuertes del país. De hecho, quedaron algunas células, conformadas por ex policías, que pronto compraron protección institucional para perpetrar secuestros de familiares de empresarios exitosos.

El problema que afronta el país, con la desaparición-secuestro de Diego Fernández de Cevallos, es el nivel de sofisticación con la que actuó esta banda la noche del viernes 16 o madrugada del sábado 17 de mayo, en el rancho del ex senador del PAN, en la propiedad ubicada en el estado de Querétaro. Las interrogantes son muy claras: cómo obtuvieron información sensible del entorno y quiénes son capaces de una operación quirúrgica de esta naturaleza.

Ha transcurrido más de una semana del hecho y nadie sabe nada. Al menos, nadie ha dicho nada.

¡Atrás de la raya!

Francisco Rodríguez / Índice Político

COMO CASI SIEMPRE sucede en estos casos, la amarga experiencia por la que durante más de una semana ha atravesado la familia de Diego Fernández de Cevallos ha producido una lección que los mexicanos debemos aprender: Si queremos que las cosas salgan bien, debemos pedir, exigir, que Felipe Calderón y su estupendo (jejeje) equipo de colaboradores, saquen las manos, no se entrometan, se coloquen atrás de la raya, pues mientras ellos grillan quién se queda con los despojos del PAN, hacen cuentas de lo ma-ra-vi-llo-sa-men-te bien que les fue en Washington, y de paso juegan una “cascarita” futbolera con el consabido “desempance”… el resto de los mexicanos sí estamos trabajando.

Atrás de la raya, les escribió el primogénito del ¿todavía desaparecido? ex senador queretano, Diego Fernández de Cevallos: “solicitamos encarecidamente que se mantengan al margen de este proceso, para así favorecer la negociación, anteponiendo la vida e integridad de nuestro padre”.

Y le hicieron caso, por fortuna La PGR ya anunció –¡uf, qué bueno!– que adoptará el papel que mejor le sienta y que prácticamente siempre ha interpretado de forma magistral: el del “Tío Lolo”.

Exactamente lo mismo debemos pedir haga el ocupante de Los Pinos: encarecidamente, que se mantenga al margen de nuestra seguridad y economía, para así favorecer el desarrollo de nuestras ahora miserables vidas.

No sólo eso, que gire instrucciones –algo que les gusta decir, aunque no hacer, a todos aquellos que en algún momento habitan en la casa embrujada que es Los Pinos–, para que su muchachito Rafael Ruiz Mateos deje de intervenir en los procesos económicos internos y con el extranjero, que así sin él, solitos, a los mexicanos nos iba antes muy bien.

Ponga a raya su encargado de asuntos hacendarios y financieros, quien aproximadamente cada mes nos sale con que no le alcanza y, por tal, nos endereza uno tras otro “gasolinazo”. Y si es cierto que Ernesto Cordero es su “delfín” –¿o ya el del fin del panismo tan esperado?–, propínele un manotazo cada ocasión que siquiera intente llevarle a firma un nuevo proyecto para incrementar impuestos, para alzar las tarifas eléctricas y hasta las de peaje y, sobre todo, las de los precios de los combustibles.

Que haga lo mismo con el altanero Javier Lozano Alarcón. Ya “párele los tacos”, señor Calderón, pues si usted ni siquiera intenta sentar las bases para crear empleos cual prometía y prometía hace apenas 30 y tantos meses, que su secretario del cero Trabajo y la nula Prevención Social no lo caliente para que, de un auténtico plumazo, le dé en la torre a casi 50 mil trabajadores de la Compañía de Luz.

¡Atrás de la raya!, asimismo, debe colocarse al titular de la (in)Seguridad Pública Federal. ¿No se ha dado cuenta, señor Calderón, de la trampa en la que lo metió el fullero García Luna? Miles y miles de muertos para nada. El negocio sigue floreciente, más fuerte que nunca. ¡Cuánto le apuesto a que si cambia de estratega (sic) y de estrategias podrá obtener mejores resultados! Por lo pronto, si no quiere usted cambiar –cual le sucede a todos quienes enferman de sus sentimientos y emociones presentando síntomas a través de una adicción– mantenga a raya a su secretario de la SS federal. Ya habrá tiempo para, más tarde, ponerlo en traje de rayas.

Mantenga quietecito, también, a su cuate el secretario de Desarrollo Social, para que deje de hacer proselitismo a favor del PAN con recursos fiscales, cual lo ha venido desplegando ahora en todas las entidades donde se desarrollan procesos electorales. Que no se meta. De nada sirve. No’más piense en lo que acaba de suceder en Mérida, donde la coacción no alcanzó siquiera para conservar la plaza.

Ya no se entrometan, por favor. Saquen sus manos ¿limpias? de nuestras vidas. ¡Atrás de la raya, que los mexicanos sí estamos trabajando!

Índice Flamígero: “La tendencia narcisista patológica del político mexicano fue muy bien explotada por los legisladores estadounidenses. Sabedores de la necesidad ególatra del hombre de poder en México, aplaudieron una veintena de veces a Felipe Calderón. Igual que se hace en las fiestas en donde una persona juega a divertir a los otros, y estos otros le aplauden para seguir motivando su conducta bufonesca… Mientras el orador ofrecía su discurso, en México se asesinaba gente con pistolas vendidas por los aplaudidores. Mientras el aplaudido recibía con satisfacción los aplausos, en la comunidad triqui de Copala, en Oaxaca, se asesinaba a un líder civil y a su esposa. Calderón pronunció su discurso en la lengua madre de aquel país: su sumisión empezó con el lenguaje. Después los legisladores hicieron su parte, le aplaudieron y le hicieron creer que su discurso les emocionó y les provocó reflexiones serias. Sin embargo, ni reflexiones ni nada. Al final del aplausómetro, el orador se regresa con las manos vacías y con la idea fantasiosa de que fue escuchado por los de aquel país, se regresa preguntando si su ingles fue fluido y con buena pronunciación, sus asesores seguramente le tendrán preparado un curso intensivo para estar mejor la próxima vez. Esa tendencia del Mexicano por quedar bien, por ser aceptado a toda costa, quedó de manifiesto de manera descarada en el congreso estadounidense… Quien pierde la dignidad pierde todo”. Es la opinión del doctor psicoanalista social José Antonio Lara Peinado.

Buscando desesperadamente a Diego

Vivir en el error

El fraude de Televisa

Raymundo Riva Palacio / Estrictamente Personal

El PRI tuvo una enorme victoria en Yucatán al subir el número de alcaldías bajo su gobierno y superar el total de diputados locales que lograron hace tres años. Casi duplicaron el número de yucatecos a los cuales van a gobernar gracias a que también recuperaron, después de 19 años, la presidencia municipal de Mérida. Sin embargo, la percepción es de derrota porque las expectativas de triunfo eran tan grandes, que lo obtenido es insuficiente. Los responsables del mal paso tienen nombre, el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), y su patrón Televisa, que se han dedicado a vender ilusiones a gobiernos priistas con métodos fraudulentos.

Yucatán, que iba a ser la plataforma del despegue victorioso del PRI para este año, donde tras arrasar al PAN les iba a dar el motivo de alegoría para la movilización en las 12 elecciones para gobernador que se ponen en juego, resultó ser un balde frío. La dirigencia del PRI comenzó a celebrar la victoria cuando apenas pasadas las seis de la tarde del domingo de las elecciones, el GCE les dio el reporte de la encuesta de salida que les habían pagado, donde les aseguró que habían ganado poco más de 100 de los 106 municipios, y que la victoria en Mérida sería por más de 12 puntos. Unas dos horas después, fueron alertados que los estaban timando y el ánimo cambió.

El PRI no había hecho caso de las alertas que se prendieron previamente con el GCE. Primero les habían presentado una muestra para el levantamiento de la encuesta de salida con un mapa de distritos de elecciones previas. El PRI local se lo regresó exigiéndoles la nueva reedistritación. Luego les entregó una propuesta del triple de lo necesario –según el GCE-, pero en realidad mayor de lo necesario. Por ejemplo en Mérida, ofrecieron 240 secciones a medir, cuando una ciudad de su tamaño electoral no requiere más de 50. Es decir no tres veces más grande, sino casi cinco, lo que no habla de precisión sino de subir el costo.

Cuando fueron advertidos del engaño, los priistas fueron a revisar las actas, y la celebración se canceló. Comenzó la preocupación. No iban a ganar 100 municipios sino 63, y Mérida tendría una ventaja para ellos de casi la mitad de lo afirmado por el GCE. Sus directores, Liébano Sáenz y Federico Berrueto no estaban en Mérida, sino en México, donde dieron sus avances en Milenio TV, que las presentó como parte suyas. Los priistas estaban indignados y el GCE, en voz de Berrueto este domingo en su colaboración habitual en Milenio, justificó: “No se hacen encuestas con polígrafo”. En efecto, sus encuestas tienen otra herramienta.

El GCE es parte del esquema de mercadotecnia electoral que maneja Alejandro Quintero, el ejecutivo de la empresa responsable de negociar los paquetes electorales con los políticos. Quintero, de acuerdo con políticos que han negociado con él, ofrece la pantalla de Televisa para que se promocionen, encuestas que promete serán difundidas en Milenio TV y en los periódicos del grupo, además de estrategias de las que estarán a cargo Sáenz y Berrueto. Francisco González Jr., que dirige los diarios, ofrece además que las encuestas tendrán el resultado que desea el cliente, según revelaron dos políticos a los que así se las ofreció.

El paquete sí resulta como lo ofrecen, aunque no necesariamente siempre va a coincidir con el resultado en las urnas, como se probó en Yucatán. El GCE maneja entre otros productos, apoyado por un “call center” de telemercadeo, encuestas llamadas “push polls”, un modelo que hasta hace poco tiempo promocionaban en su página de Internet. Los “push polls”, de acuerdo con la World Association for Public Opinion Research, son fraudulentos. “Son campañas negativas en forma de encuesta política”, define WAPOR. “Es telemercadeo político para persuadir resultados, no para medir opiniones”. El GCE ya lo eliminó de la promoción pública, pero sigue ofreciéndolo a los clientes.

Varios gobiernos y políticos de diferente sino han caído ante la presión de Televisa, que no necesita extorsionar. “Si no lo hacemos, desaparecemos de sus noticieros”, admitió con resignación un político. Como armas del negocio de mercadotecnia política que tanto éxito comercial le da a Televisa figuran el GCE y ahora Milenio. González Jr. ha desarrollado un modelo de negocios para su empresa donde venden entrevistas y convenios a gobernadores que tienen despliegue prominente en la primera plana de los diarios. Hasta ahora, la edición en la ciudad de México está excluida de publicar entrevistas a “ocho columnas” pagadas.

La mano de Televisa no se ve públicamente en este negocio. El GCE dice que el 50% del costo de cada encuesta la pagan ellos y el resto Milenio. Cada encuesta estatal tiene un precio a costo de cerca de medio millón de pesos, y GCE realizará tres series de las 12 elecciones para gobernador. Según costos de mercado, esas 12 encuestas saldrían en 18 millones de pesos. No se conocen los costos reales de GCE, pero sí se sabe que quienes están pagando las encuestas son los priistas. En el caso de Mérida fue el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina. No se saben tampoco los costos directos de Milenio en esta aventura.

Es decir, el GCE está metido en un conflicto de interés donde presenta como suyas encuestas que le encarga el PRI. Peor aún Milenio, que reproduce como propias y de GCE que son pagadas cuando menos en parte, por un partido o un gobierno, y que forman parte de un paquete de mercadotecnia electoral que ofrece otra empresa, Televisa. Esto un problema serio de opacidad en los medios que están desacreditando un método de medición científico con fines de lucro, a costa de credibilidad. En el caso de los políticos, a costa de sobresaltos y eventuales sorpresas. Entre los políticos y el gremio de las casas de opinión pública se sabe de las deficiencias metodológicas del GCE y sus ineficiencias técnicas, pero prefieren correr riesgos los políticos por tener acceso a las pantallas de televisión. Hay quien se molesta y está en desacuerdo, pero nadie se chupa el dedo. Aquí, al único que se engaña es al público

Lógica elemental

Rafael Barajas: Posada, mito y mitote

Álvaro Cepeda Neri

Para Alejandro Capdevielle

De entre los caricaturistas de la prensa escrita que se publica en la capital del país (a la que este reseñador tiene más acceso), donde todos brillan por su certera crítica a los acontecimientos políticos, Rafael Barajas Durán, El Fisgón, como firma sus caricaturas, ha estado trabajando muy intensamente. Su libro: Posada, mito y mitote, es prueba de ello. Está entreverado con las caricaturas políticas del gran grabador (y luchador por las libertades): José Guadalupe Posada y de las caricaturas del menos conocido Manuel Alfonso Manilla. Donde se actualiza la maestría y heroísmo del también periodista Posada quien, con el camuflaje de su porfirismo, para su admiración a las incipientes luchas obreras, se asume a contracorriente del parto, casi aborto, de la revolución de 1910.

Posada (el del capítulo IV del libro: Posada y la prensa obrera de principios del Siglo XX), según nos cuenta en prosa El fisgón, arrastrando su porfirismo, en el que nace y se forma, aunque los critica y ridiculiza, da a conocer en sus caricaturas a Madero con una concepción antimaderista; y ratifica su porfirismo, anclado en el viejo régimen: “En este cotidiano, Posada regresa a la lógica de la caricatura de combate y exhibe abiertamente sus filias y fobias políticas: ataca sin tregua a sus enemigos y defiende sin tapujos a los suyos. Son patentes su simpatía hacia Díaz y Bernardo Reyes, su desprecio hacia quienes –como Limantour– han traicionado al viejo caudillo, su falta de respeto a Madero y su temor hacia líderes rebeldes como Emiliano Zapata”.

Es una investigación singular de casi 600 páginas de caricaturas supeditadas al texto y los pies de grabados. Y una bibliografía con recopilación de los grabados de Posada casi al final del trabajo donde aparecen las fichas técnicas de las imágenes de un libro por donde Posada es “el pasado que no termina (Antonio Gramsci) y lo nuevo que todavía no nace” y cuya crisis de conciencia, política, económica y social, se presenta en la lucha porfirista y antimaderista de sus creaciones maravillosas, y por donde se abre paso el estallido revolucionario. Barajas nos presenta al eminente grabador debatiéndose entre lo antiguo y lo moderno asido al clavo ardiendo que se derrumba; no obstante ver pasar frente a su taller de grabado el cadáver del porfirismo y darse cuenta de que el antiporfirismo, de Madero a Zapata, pasa en sentido contrario. Y en sus fulminantes caricaturas los retrata en el contexto de una presa pro-porfirista que, simultáneamente, se opone a la naciente rebelión nacional, de un Posada (1852-1913) que apenas presenció el final de una época y el despuntar de otra.

Ya se han publicado libros con algunos de los 15 mil grabados de quien fue un periodista de la caricatura. Autor de la célebre La catrina y sus calaveras producto de burla-admiración por ellas; fundador de hojas casi periódicos y colaborador en otros: El diablito rojo, La guacamaya, El pinche, El diablito bromista, etc. Y no obstante su porfirismo, en varias caricaturas puso al oaxaqueño entre la espada de la crítica y la pared del cuestionamiento a su autoritarismo (imagen 224). Posada se ha educado, políticamente, en la Restauración de la República, la Constitución de 1857, la Reforma y el Estado laico. En el grabado número 70, defiende a los obreros, que es su lucha como periodista combatiente por la libertad.

Las fichas técnicas de las imágenes, la bibliografía, los créditos iconográficos y el índice onomástico, completan la información para los lectores. Leer y admirar sus páginas es darse al encuentro de esta actualización de Posada con su icono: La Catrina, también inmortalizada por Diego Rivera y miles de artesanos que año con año la reviven de entre los vivos grabados de un Posada salvado del porfirismo por el magistral grabado de Leopoldo Méndez, donde Posada mira por la ventana de su taller una represión popular.

También nos obsequia la fotografía a las afueras del taller, donde aparece Posada (con su hijo y un amigo) y el anuncio de: “Ilustración de periódicos, libros y anuncios”, captada en 1900. Las imágenes y prosa que nos cuenta la biografía de Posada y su maestría para el dibujo periodístico, “humorísticamente satírico, alegre y reflexivo” son un deleite. Para Posada, la conclusión de Ernest H. Gombrich: “... el caricaturista puede mitologizar el mundo de la política al fisiognomizarlo; vinculando lo mítico con lo real, crea esa fusión, esa amalgama, que parece tan convincente al ánimo emotivo” (del ensayo: El arsenal del caricaturista, del libro de Gombrich: Meditaciones sobre un caballo de juguete). Según Rafael Barajas Durán El Fisgón, Posada recreó la realidad porfirista y los albores de su caída, con perspectiva periodística.

Ficha bibliográfica:
Autor: Rafael Barajas Durán
Título: Posada, mito y mitote
Editorial: Fondo de Cultura Económica.-2009

Aclaración

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