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jueves, julio 06, 2017

Javidú, el tragicómico


Regresa a un México peor
Más violencia e impunidad
Nuevo sistema penal, fallido

Julio Hernández López / Astillero

El consumado actor veracruzano Javier Duarte de Ochoa reapareció en foros guatemaltecos en una faceta seria, incluso reflexiva, contrastante con su anterior adaptación cómica del clásico ¿De qué se ríe, señor ministro?, de Mario Benedetti (en sus primeras estrofas, el escritor uruguayo planteaba: En una exacta/ foto del diario/ señor ministro del imposible/ vi en pleno gozo/ y en plena euforia/ y en plena risa/ su rostro simple./ Seré curioso/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe (https://goo.gl/33YCm8).

Ayer, en un foro judicial de la ciudad de Guatemala, el primer actor del saqueo y la violencia institucionales en Veracruz (cuya profunda huella criminal en el tablado jarocho está en curso de ser superada por su relevo artístico, Miguel Ángel Yunes Linares) hizo a un lado la obsesión patológica por el fingimiento sonriente y se mostró serio, parco, con pretensiones de filosofía popular al declamar ante periodistas, como una especie de explicación de su nueva postura estratégica, una frase atribuida al sevillano Santiago Montoto, un abogado y escritor ya fallecido: “Paciencia y prudencia, verbal continencia (aunque Duarte de Ochoa, sabedor de que está en cierto riesgo, equívocamente dijo ‘contingencia’; tampoco pronunció correctamente, el villano Javiercillo, la parte original que dice ‘no exhibir tanta ciencia’, pues dijo ‘dominio de la ciencia’) y presencia o ausencia, según conveniencia”. La receta de presunto autocontrol taimado había sido mencionada en anterior publicación por la esposa de Duarte, Karime Macías, quien disfruta de libertad, sin acusaciones por su evidente complicidad en los hechos veracruzanos.

Con esa nueva teatralidad, Duarte de Ochoa se allanó ante las acusaciones del gobierno de su amigo Enrique Peña Nieto, respecto de operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada. Días atrás, sonriente, barbado y vacilador, se había declarado dispuesto a enfrentar los señalamientos del gobierno de Veracruz. Ahora ha completado el ciclo de su asentimiento, para que le sea aplicada la extradición sumaria, consentida por el reclamado, que prevé la legislación del vecino país centroamericano.

El filósofo de la rapiña, Javier Muerte, está listo, pues, para llegar a México en unos cuantos días más. Una semana y media, a lo mucho, ha dicho algún funcionario mexicano. Una parte de quienes le acompañaron en primer plano de la depredación de Veracruz están en la cárcel, acusados de delitos que palidecen ante la cuantía y la profundidad del daño que hicieron (el sustituto, Flavino Ríos, cursa su proceso en prisión domiciliaria). Otros se mantienen en cargos gubernamentales y en cámaras de diputados, e incluso el trío de influyentes asesores que le acompañaron en su trayecto salvaje sigue activo, haciendo política como si nada.

Pero, aunque en su momento hubiera parecido temerario un vaticinio así, el México de hoy es peor que el que dejó Javidú en octubre del año pasado, luego de pedir licencia al cargo de gobernador (el 12 del mes citado), según las fanfarronerías de aquel momento, para enfrentar las acusaciones en su contra. A Carlos Loret de Mola le había asegurado, en el noticiario matutino de Televisa, que no huiría del país, y acto seguido desapareció.

Hoy son más altos y descarados los niveles de impunidad a los que gozosamente pretende regresar Duarte de Ochoa. Por una parte, han aumentado de manera notable los hechos violentos en calles, domicilios y negocios, con una mayor disposición de los criminales para secuestrar, lesionar gravemente o matar a quien sea y por lo que sea, como señal del grado de impunidad que saben impera en todo el país. Los pocos que son capturados suelen ser procesados de manera rápida y ligera, de tal manera que sin mayores problemas pueden volver a sus actividades delictivas, incluso tomando venganza contra quienes los hubieran denunciado o hubieran rendido testimonio en su contra.

En particular, Duarte de Ochoa será acogido por un nuevo sistema de justicia penal, caracterizado por la intención de que los juicios sean orales y acusatorios. Además de las lagunas, confusiones e ineficacia operativa que se ha derivado de ese cambio, que fue aprobado en 2008 y, de entonces a 2016 ha consumido mucho dinero y tiempo en la preparación de su entrada en vigor, el nuevo sistema constituye una sabida puerta de salida rápida para muchos delincuentes, lo que ha colocado de nuevo en acción a muchos de ellos, lo cual, según los gobernadores coaligados y varios especialistas en asuntos jurídicos y de seguridad pública, ha disparado los índices delictivos y la inseguridad en todo el país.

A ese México, más injusto, más violento, con más impunidad y manipulación judicial, llegará Duarte de Ochoa, listo para cantar lo que la partitura electoral antimorena le indique, dispuesto a hacerse el carente de facultades mentales plenas cuando le convenga, sonriente y vacilador algunos días, filósofo tragicómico en otras.

Además de los beneficios que pueda desprender de esa nueva estructura de juzgamiento, Duarte de Ochoa contará con la amable colaboración de la poderosa voluntad gubernamental que podrá, como ha sucedido en casos similares, sembrar los errores procesales que luego serán invocados para fines exculpatorios o atenuantes por los abogados de los amigos en desgracia.

Astillas

Un atento lector envió el siguiente comentario, relacionado con los miembros del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) que se han desentendido del caso Pegasus: La actitud de esos miembros del Comité Coordinador del SNA es penosa, de pena de funcionarios cómplices con el gobierno. Lástima que haya tanto alboroto informativo (respecto de otros asuntos) que la revelación de esos antipatria no sea más sonora... En Tijuana, la doctora Alma Angélica Ciani fue ejecutada de tres disparos, frente a sus hijos y su madre, en un caso más de la espiral de violencia incontrolable en el estado que desgobierna el panista Francisco Vega de Lamadrid, Kiko (el hermano de Alma Angélica, el periodista Odín Ciani, denunció lo sucedido y exigió justicia, a través de un video)... ¡hasta mañana!

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