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lunes, noviembre 17, 2014

Violencia ¿legítima?


Retorno amenazante
Provocar para ‘‘justificar’’
Deslindes: Mazón, Cárdenas

Julio Hernández López / Astillero

Luego de una inoportuna gira internacional que le mantuvo indispuesto para atender problemas mexicanos, Enrique Peña Nieto lo primero que hizo a su regreso fue advertir que está decidido a enderezar ‘‘legítimamente’’ la fuerza pública contra manifestantes y opositores si los cauces del diálogo no son suficientes y si se hubiera ‘‘agotado cualquier otro mecanismo para restablecer el orden’’.

(Es fundada la conclusión de que EPN estuvo indispuesto para dar seguimiento a fondo a los candentes acontecimientos nacionales, pues dijo a reporteros que no tuvo tiempo para responder con precisión a un asunto que debería haber sido relativamente muy fácil de abordar con prontitud, como el de la mansión adquirida por su esposa, pues el tema, explicó, ‘‘cuando salió a la luz pública no estábamos aquí. Justamente se dio cuando íbamos en trayecto a China, pero hoy estamos en oportunidad de hacer una puntual aclaración de este tema para que no quede la menor duda sobre el asunto’’. La verdad es que no ha aclarado nada antes del viaje, ni durante éste ni ahora a su regreso. Lo único que anunció es que más delante el vocero de Los Pinos dará información sobre lo que consideró ‘‘sin duda’’ como ‘‘aseveraciones imprecisas y carentes de sustento’’. ¡La casa vive, /la duda sigue!)

La reaparición del represor Espíritu de Atenco (tácticamente enclaustrado mientras pasaba el reformismo ‘‘democrático’’, pero ahora en cultivadas condiciones de ser extraído del clóset histórico) tiene como contexto la genuina elevación del nivel de lucha de sectores ciudadanos diversos, tanto aquellos de una gran politización previa, que hoy están en el punto más alto de esas movilizaciones e incluso de acciones extremas (el incendio y los daños a inmuebles representativos de los poderes oficiales), como de ciudadanos sin experiencia en la protesta pública que ahora han sentido la necesidad inaplazable de expresarse en calles y plazas.

A ese estremecimiento social profundo u extendido se han añadido acciones bajo sospecha de infiltración y provocación (dos ejemplos: la quema de la puerta de Palacio Nacional, con el general Gustavo Ramírez Palacios, subjefe del Estado Mayor, como ebrio provocador cuya conducta no ha sido esclarecida por el mando militar, o la farsa del celular extraviado que llevó a la irrupción de fuerza pública en el campus de la Universidad Nacional, con disparos de bala y un estudiante herido por arma de fuego, con los peñistas Narro y Mancera en extraños roles, el segundo incluso con disculpas insuficientes).

Con el país bajo conmoción por los hechos de Iguala y por las historias de mala confección forense del Fabulador General de la República, Jesús Murillo Karam (sucesos guerrerenses que han opacado lo que debería ser otro escándalo nacional e internacional, el del fusilamiento de 22 personas en Tlatlaya, estado de México), el Feliz Viajero Frecuente (FVF), Peña Nieto, ha creído oportuno amenazar con el uso de la ‘‘violencia legítima’’ del Estado (como un padre de familia pillado en episodios vergonzosos, que se va de viaje durante una semana y luego de esa ausencia decide blandir el cinturón en lo alto para amagar a los hijos con tundas si continúan protestando por los graves problemas domésticos no resueltos y sí abandonados).

Un astilloso tuitero, de cuyo nombre esta columna no quiere acordarse, escribió ayer lo siguiente en el reino de los 140 caracteres: ‘‘No puede haber ‘violencia legítima’ del Estado si la ejerce un ‘presidente’ ilegítimo como es EPN’’. Añádanse aquí algunas consideraciones más. El ex gobernador del estado de México se hizo de la Presidencia de la República por la vía mercantil, no la electoral. Adquirió la silla del poder federal mediante artificios comerciales y mapacherías clásicas, sin la legitimidad proveniente de una aceptación social extendida (como la que tuvo, por ejemplo, Vicente Fox en 2000. Los resultados ya son cosa aparte).

Para justificar su entendimiento con Carlos Salinas de Gortari en 1988, el PAN de Diego Fernández de Cevallos se valió de la tesis de la legitimación ‘‘de facto’’. Un gobernante podría ser ilegítimo de origen, pero validarse en los hechos (sobre todo, si esos hechos favorecían a los ‘‘legitimadores’’ cómplices, como sucedió en aquel barbado y blanquiazul caso). Peña Nieto no aprovechó su primer tramo en el poder para esa legitimación ‘‘de facto’’, a pesar del efectismo del Pacto por México.

Y ahora no está moviéndose con inteligencia política para ‘‘legitimarse’’ entre el incendio social. Se habla de que estaría en su ánimo remover al paralizado secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y al mendaz procurador Jesús Murillo Karam (se menciona a Manlio Fabio Beltrones para ir a Bucareli, aunque el sonorense no es del equipo de EPN y es visto en el círculo íntimo de Los Pinos como un eventual adversario interno peligroso, y de Alfonso Navarrete Prida, quien ya fue procurador con Peña en el estado de México, como sustituto del hidalguense Murillo). Dar ciertos golpes escenográficos, ‘‘castigar’’ aunque sea brevemente a algunos involucrados de regular nivel y simular apertura y generosidad políticas serían recomendables medidas elementales en la actual situación. Pero no la amenaza con el uso de la fuerza pública ni la utilización, por decisión propia o de actores internos deseosos de revolver más el río para pescar más ganancias, de provocadores que ‘‘predispongan’’ al recurso de la represión para ‘‘reinstalar el orden’’.

Astillas:

Morena se deshizo de Lázaro Mazón Alonso como precandidato a gobernador de Guerrero. Un consejo estatal realizado ayer en Chilpancingo le retiró la condición de ‘‘Promotor de la Soberanía Nacional’’ y sin esa etiqueta no puede ser abanderado electoral. Ahora se busca una candidatura probablemente femenina… Cuauhtémoc Cárdenas ha pedido la renuncia de Carlos Navarrete a la presidencia del PRD (que el michoacano buscó en meses pasados), al que ahora ve desgastado y sin credibilidad… Y, mientras se entiende que, bajo la advertencia peñista de represión, llega la hora de evitar capuchas y provocaciones, ¡hasta mañana!
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