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miércoles, mayo 14, 2014

House of Chongs


Militares toman Tamaulipas
Egidio y sus generales
Yuribia: guerra por agua

Julio Hernández López / Astillero

Miguel Ángel Osorio Chong desgranó en Reynosa un rosario de buenas intenciones que son obligación institucional permanente más que maravilloso anuncio de ocasión. Si los gobernantes, el federal y el estatal, cumplieran cuando menos a medias lo que en las elecciones prometen y en las constituciones les compromete, no habría necesidad de discursos cansinos como el llevado ayer por el secretario de gobernación a un Tamaulipas donde muchos esperaban algo más que palabrería programática, burocracia ilusoria, fijación etérea de metas declarables como alcanzadas en venideras sesiones de retórica complaciente.

En realidad, la toma de Tamaulipas se ha decidido (al menos hasta hoy) por la vía militar, con jefes de la Sedena y la Marina como virtuales comisionados regionales, no al estilo del todopoderoso Alfredo Castillo que en Michoacán tomó las riendas plenas, incluyendo las políticas y sociales. En la entidad norteña, mientras el Señor de Los Pinos no decida lo contrario, Egidio Torre Cantú no tendrá una aplastante figura intervencionista enviada desde el centro del país, pero sí cuatro inabordables mandos militarizados que ejercerán el poder sin enterarse de que en Ciudad Victoria hay un presunto mandatario estatal (como tampoco se han enterado desde 2011 los comandantes de zonas castrenses que han actuado convencidos de que la estructura civil del gobierno estatal no está infiltrada, sino plenamente sometida al poder de determinados grupos delictivos con o sin charola).

Cuatro minigobernadores de uniforme que si no cuentan con un fuerte eje político articulador y moderador podrán aplicar fragorosamente y a sus purititas pistolas las estrategias de exterminio del enemigo para las que han sido instruidos, con los derechos humanos y el estado de derecho como primeras víctimas naturales. Queda, en todo caso, en los ámbitos de responsabilidad de la Sedena y la Marina lo que resulte del embate contra los cárteles locales en cruenta pugna, el del Golfo y los Zetas, y del asentamiento de competidores comerciales, como la nueva generación jalisciense en Michoacán, a la que le limpiaron el camino de templarios para que se asienten los nuevos poderes fácticos, los tapatíos y los mexiquenses.

Los verdaderos cambios en Tamaulipas comenzaron, en todo caso, dos meses atrás, aquel 15 de marzo en que por razones personales hubo de renunciar Rafael Lomelí Martínez, el secretario de seguridad pública que había mantenido Egidio Torre Cantú durante un año y 11 meses. Ya no pudo el sedicente gobernador colocar a alguien a su gusto, pues le fue impuesto un general brigadier, Arturo Gutiérrez García, quien había sido jefe del estado mayor de la cuarta región militar, con sede en Monterrey y, antes, jefe de la zona militar de San Luis Potosí (donde ya había mostrado el estilo tajante de pasar por encima de gobernadores blandengues, en este caso Fernando Toranzo, a quien sólo informaba, muy tardíamente, de enfrentamientos y abatimientos realizados por sus fuerzas).

Ahora el rehén Egidio ni siquiera podrá moverse con algo de libertad personal, pues sus desplazamientos, reuniones y disipaciones tendrán como vigilante ni más ni menos que a otro general, Carlos Rodríguez Solís, quien ha quedado como jefe de escoltas (un cargo aparentemente ínfimo para un miembro de la élite castrense, incluso afrentoso en otras circunstancias) del gobernador formal, luego que José Manuel López Guijón, quien había estado en ese puesto de absoluta confianza desde que Torre Cantú llegó a la gubernatura, ha sido declarado por el vocero Guillermo Martínez como vacacionista sin destino conocido desde 12 días atrás. De López Guijón se ha dicho que estuvo involucrado en el asesinato de un director de seguridad estatal, Salvador de Haro.

El golpe a la legalidad cometido en Michoacán con la imposición de un virtual gobernador de relevo nombrado desde Los Pinos ha tenido ahora una réplica seca en Tamaulipas, donde ni siquiera se ha buscado un parapeto civil con apariencias de oficio político (como el comisionado Paulette). A Egidio le han nombrado cuatro vicegobernadores militares regionales y le han impuesto sendos generales en la secretaría estatal de seguridad pública y en la jefatura de sus escoltas.

Toda una serie al estilo (nativo) de las que ahora se regocijan en detallar por cable o por Netflix los entretelones oscuros del mundillo del poder. House of Chongs, no con Frank Underwood pero sí con Quique o Mike Bajolospinos (o Bajoelagua). Tragicomedias sociales pero también en los pasillos palaciegos, como ese enredo penoso en el que Kevin Spacey fue hecho aparecer junto a Enrique Peña Nieto en Cancún, durante la apertura del Tianguis Turístico. Los juglares del sexenio se extasiaron al saber que Spacey había dicho que había tenido un buen encuentro con alguien que en su primer año de administración había logrado posicionar muy bien a México a nivel mundial. Pero el mismo Kevin hubo de sosegar el júbilo pinolero, al aclarar que su tuiteo lo había hecho a título del despiadado y calculador congresista de ficción: “Creo que nadie entendió el chiste. ¡Estaba interpretando a Francis Underwood de House of Cards, no a mí mismo! No sé nada sobre los políticos mexicanos”.

En el municipio veracruzano de Tatahuicapan se vive una confrontación peligrosa entre los intereses de los ejidatarios en cuyas tierras es-tá la presa Yuribia y las fuerzas federales y estatales que pretenden obligarlos a permitir que las aguas allí almacenadas sean distribuidas desventajosamente, y sin cumplir previas promesas gubernamentales de compensación, a los habitantes de los municipios de Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque. Los ejidatarios soldaron las válvulas de desagüe para tratar de impedir su manipulación, pero en la madrugada de este martes llegaron soldados, marinos y policías para desalojar a los manifestantes y liberar esos mecanismos. A la hora de cerrar esta columna se mencionaba que miles de metros cúbicos de agua se desperdiciaban a causa de que los protestantes habían roto una válvula. ¡Hasta mañana!
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