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lunes, marzo 03, 2014

Milagros de Malverde


Segunda chapomarcha
Excesos de Malova
Arrancan, en el PAN

Julio Hernández López / Astillero

El lugar de la cita era más que simbólico. La capilla erigida en honor de Jesús Malverde (El bandido generoso o El santo de los narcos, de existencia y andanzas tan difusas, sin comprobación, como arraigadas socialmente), un salteador de caminos benefactor del pueblo a quien se encomiendan con fervor muchos de quienes llevan una vida de peligro por dedicarse a la delincuencia. De allí, de esa capilla sin reconocimiento formal de institución religiosa alguna, marcharían por segunda ocasión centenares de personas (a la hora de cerrar esta columna, ya caminaban más de dos mil) deseosas de expresar públicamente solidaridad hacia Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, de exigir su liberación y, sobre todo, de rechazar la posibilidad de que sea extraditado a Estados Unidos.

La movilización dominical fue obstruida por policías ministeriales del estado que, a diferencia de la apocada actuación que habían tenido en la primera marcha, ahora recibieron instrucciones de disuadir a los reunidos para que caminaran, pero a sus casas. La semana pasada, cuando el gobernador Mario López Valdés (Malova) y el presidente municipal de la capital creían que la convocatoria a la marcha sólo era una faramalla, la presencia policiaca fue tímida y gradual, frente a grupos retadores de entre la manifestación, que en términos generales fue pacífica. Un automóvil de lujo, por ejemplo, rebasó ese día a una patrulla gubernamental y más delante dio una vuelta de 180 grados, hasta quedar de frente al vehículo oficial. Otras máquinas potentes se dieron el gusto de practicar algunos arrancones retadores frente a los policías, de por sí sabedores de que el verdadero poder de la entidad no es el que está en las oficinas gubernamentales. Impunidad demostrada ante policías y autoridades sometidas, arregladas.

Ayer, ese gelatinoso gobierno estatal decidió lanzarse incluso con acciones violatorias de garantías constitucionales a tratar de frenar la segunda marcha, ya con la atención nacional e internacional puesta en la insólita y significativa reacción de grupos civiles que a cara descubierta (en su mayoría) han decidido apoyar a tan famoso delincuente y con la presión en contra de Los Pinos, según eso deseoso Enrique Peña Nieto de que no se produzcan más actos públicos de apoyo al nuevo Bandido generoso (Una de las pancartas mostradas en la marcha rezaba, sic: “Peña Nieto deberias estar agradesido porque el ‘Chapo’ te sentó en la presidencia. ‘No queremos que lo extraditen’ El si ayuda a los pobres mas que los ratas del gobierno”, http://bit.ly/1ltF7cK).

Aunque, en el fondo, ha de verse que las movilizaciones a favor del Chapo ayudarán al achaparrado gobierno mexicano –otro chapo–, a resistirse ante las presiones de las alturas gringas que a toda costa quieren a Guzmán Loera en sus cárceles y sujeto a interrogatorios de los que seguramente sobrarían develaciones incómodas para gobiernos federales anteriores, sobre todo los del liberador Fox y del guerrero unilateral Calderón, pero también de las campañas electorales de los panistas y, según diversas versiones, incluso de la más reciente, la del priísmo ahora obsesionado en ir golpeando a algunos de sus aliados para reconstruir el poder absolutista de la Presidencia de la República de los años dorados del priísmo clásico. En Colombia hubo fuertes turbulencias muchos años atrás, cuando se produjo el episodio de los narcos extraditables. Acá, EPN podrá alegar a los impacientes gringos que entregarles al Héroe de Badiraguato podría poner en riesgo la narcopaz social mexicana.

Las acciones de contención del gobierno de Malova no lograron, sin embargo, impedir la repetición de la chapocaminata, aunque partió de un lugar distinto al originalmente programado. Hubo otra vez reparto de tamales y personas anotando en listas los nombres de algunos de los asistentes. Se hablaba, al inicio de la marcha, de cuando menos 80 personas detenidas durante las horas previas, luego que los policías estatales llegaron a la antes mencionada capilla de Malverde con la intención de caminar hacia la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida como La Lomita.

Los agentes hablaron con quienes iban llegando en atención a la convocatoria hecha en Internet por uno de los presuntos hijos de Guzmán Loera (dos de esos supuestos descendientes se han declarado listos para actuar en reivindicación de su padre, según mensajes difundidos en redes sociales) y a través de volantes. Presionaron a los que iban llegando para que desandaran el camino, aunque la mayoría de ellos sólo se movieron hacia lugares contiguos (En Plaza Fiesta fueron colocados decenas de carritos de servicio de supermercado a manera de barrera para impedir que los desalojados se refugiaran temporalmente allí, http://bit.ly/NkYS8d). Los policías hostigaron, jalonearon y amenazaron a decenas de personas, muchas de ellas en actitud absolutamente pacífica, sólo a partir de la poderosa convicción gubernamental de que el hecho de marchar en pro del Chapo significa una forma de criminalidad. Y detuvieron a decenas bajo la acusación de portar armas de fuego o tener vehículos con reporte de robo.

Aun así, la procesión partió de la capilla del mítico Valverde hacia la parroquia católica de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida como La lomita, entre vivas al Chapo, reiteraciones de asombro nacional, discusiones sobre si esas marchas son una apología masiva del delito, desesperadas violaciones constitucionales de parte del condicionado gobierno de Malova, y un Peña Nieto presionado por los gringos deseosos de tener en su jaula de videograbaciones a un Chapo cantor y el poder del narcotráfico que no desea repetir en México las escenas colombianas de Los extraditables. ¿Hará san Jesús Malverde algún milagrito?

Y, mientras se inicia la batalla interna en el PAN, con Gustavo Madero como aspirante a conservar el cargo, apoyado por el peñismo agradecido por el rol pactista, contra Ernesto Cordero, el calderonista apoyado por la facción de El Yunque que representa Juan Manuel Oliva, ex gobernador de Guanajuato, ¡hasta mañana!
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