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jueves, mayo 09, 2013

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Paraestado: Naranjo
Gendarmes castrenses
IFE incompetente

Julio Hernández López / Astillero

El policía colombiano con grado de general Óscar Naranjo Trujillo, asesor externo de Enrique Peña Nieto para asuntos de seguridad, emitió una nueva clasificación para nuestro país: paraestado. Decidido a que se ponga un freno a los grupos de autodefensa civil que han surgido en varios estados, así lo dijo el extranjero que por gracia y pago de Los Pinos opina abiertamente sobre asuntos internos: un Estado que no asegure el monopolio de la aplicación de justicia y no asegura el monopolio legítimo de su fuerza es un Estado que da origen al paraestado (...) cuando a una  autodefensa se le empieza a llamar policía, se produce una distorsión que realmente, lejos de invocar el deber ser, destruye el deber ser y es imaginario.

Con menos pretensiones filosóficas y más contundencia práctica, los asesorados por el general Naranjo se preparan para enfrentar grupos de autodefensa, policías comunitarias piratas, disidentes en protestas callejeras y criminales requetebien organizados mediante una escénica gendarmería nacional que se enfila a ser uno más de los costosos e ineficaces ensayos que cada administración sexenal va habilitando para aparentar que desarrolla planes inéditos y contundentes, aunque a fin de cuentas todos los artificios que se les van ocurriendo a los jefes en turno acaban convertidos en chatarra criticable por los siguientes innovadores que a su vez iniciarán un nuevo ciclo en el infinito de la corrupción institucionalizada.

Por lo pronto, se ha fijado el día en que aparecerá en público la creación peñista que no es sino una variante de lo hecho por Fox y Calderón en cuanto a transferir fuerzas militares a corporaciones teóricamente civiles. El 16 de septiembre, en el gran desfile patrio habrán de mostrarse bajo envoltura policiaca 8 mil 500 miembros del Ejército y mil 500 de la Marina. Diez mil gendarmes que en realidad constituirán una fuerza paramilitar más, aunque la propaganda de tres colores podrá jurar que se está en un proceso de restitución del poder civil, de retorno de los militares a sus cuarteles (para luego darse de alta con ropaje de presuntos guardias).

Los malabares del pasado son denunciados en el presente, pero apuntalan el futuro. Jesús Murillo Karam se queja de las distorsiones que en el sexenio pasado se produjeron a partir del encumbramiento de la Secretaría de Seguridad Pública (con el vicepresidente ejecutante, Genaro García Luna, como intocable par del macabro Felipe) y del avasallamiento contra la procuraduría federal de justicia. A ello atribuye la caída de varios procesos que armaron la Policía Federal y el garcialunismo reinante, pero resulta que solamente han sido corregidos en este sexenio los que han sido del interés político de la actual administración, sin que el presunto espíritu justiciero del priísmo se extienda a los miles y miles de casos que también surgieron de la chistera fúnebre del panismo recién ido.

En realidad, el propio Murillo Karam y el grupo al que sirve están acumulando con gran velocidad sus propios esqueletos en el clóset que abrirán las siguientes administraciones. Uno de ellos, para no ir tan lejos, el de la explosión en el edificio de Pemex, tema del cual se ha dicho que en un par de semanas se tendrán resultados concretos de las investigaciones que, sin embargo, han sido golpeadas en su línea de credibilidad por las revelaciones periodísticas gringas de que los investigadores del país vecino apuntaron en sus primeras indagaciones a que el estallido se había debido a un explosivo, aunque la tesis oficial sostenida hasta hoy insiste en una acumulación de gases, que se ha prestado a múltiples elaboraciones populares juguetonas.

Los gases malolientes del Chayogate jarocho también han sido confinados al archivo político muerto. El mencionado procurador Murillo Karam no deberá citar al gobernador de Veracruz, Javier Duarte, para que hable sobre el escándalo de sus funcionarios grabados en maridaje de defraudación electoral con operadores del PRI, pues los representantes de este partido en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión impidieron que se conjuntase la mayoría necesaria para que un exhorto legislativo hiciera al ex gobernador hidalguense llamar a declarar al asentado en Xalapa.

La aplicación a pie juntillas de las cuatro famosas palabras del peñismo en cruzada electoral (no te preocupes, Rosario), permitieron al caballero de la triste presidencia del IFE, Leonardo Valdés Zurita, batirse contra los opositores mercuriales conocidos como PAN y PRD (cambian de intensidad conforme la situación: sonrientes cómplices en los foros pactistas; ardorosos gladiadores en batallas sabidamente perdidas o esperadamente negociables). Nada de que el instituto federal anduviera invadiendo el sacrosanto espacio de las autoridades estatales, así que la subsecretaría colegiada de acción electoral conocida como IFE decidió declararse incompetente, pero no en los términos globales que muchos le adjudican, sino específicamente en cuanto al abordaje de una acusación que así es dejada virtualmente en manos del propio acusado.

En otro tema, Angélica Garrido Yanes comenta: Al Astillero de las tragedias con causa agregaría “la negligencia de los empresarios que, ignorando las normas, remiten ‘doble carga’ en un solo envio para abatir costos. Esto se ha visto muy frecuentemente en los meses recientes por las carreteras del país y creo que allí está el punto del problema para todo lo demás. Esto es de sentido común ya que bastantes carreteras están en pésimo estado y si a eso se suma la imprudencia e impericia de los conductores, el cansancio, la falta de mantenimiento de vehículos, etcétera,, andan ‘bombas de tiempo’ circulando por todos lados”.

Y, mientras Jesús Zambrano ha confundido en público al presidente del PRI, César Camacho, con el del PAN, Gustavo Madero, como al del propio PRD lo confunden con el del PRI y el PAN, en una abierta confirmación involuntaria de que el Pacto por México es una comedia de enredos, con personajes y siglas intercambiables, sin definiciones firmes sino batidillo confeso, ¡hasta mañana!
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