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jueves, marzo 14, 2013

El nuevo Papa y sus oscuros vínculos con la dictadura argentina

RODRIGO VERA

MÉXICO, D.F. (apro).- Tan pronto fue nombrado nuevo pontífice, el argentino Jorge Mario Bergoglio ya empieza a ser cuestionado por su colaboración con la dictadura militar que gobernó a su país durante los años 70 y principios de los 80.

Aunque no existen documentos que comprueben sus nexos con esa dictadura militar, sí hay sin embargo testimonios de algunas víctimas que señalan que Bergoglio apoyó la represión dictatorial, incluso contra algunos sacerdotes que en aquel tiempo dependían de él.

De 76 años, Bergoglio nació en la ciudad de Buenos Aires en diciembre de 1936, y es hijo de un matrimonio de italianos que se fue a radicar a Argentina. Su formación religiosa la hizo en la Compañía de Jesús, donde fue ordenado sacerdote a los 32 años.

En Argentina, Bergoglio encabezó a esa congregación religiosa de 1973 a 1979, por lo que coincidió con la dictadura militar que gobernó al país de 1976 a 1982.

Fue precisamente en esos años cuando Bergoglio fue duramente cuestionado por tener nexos con la dictadura. Sobre todo, se le cuestionó por no haber protegido a dos sacerdotes jesuitas que trabajaban en las barriadas pobres y fueron detenidos clandestinamente por el gobierno. Ambos párrocos estuvieron presos durante cinco meses.

Tal hecho consta en el libro El silencio, escrito por el periodista Horacio Verbitsky, quien se apoyó en los testimonios de uno de esos jesuitas detenidos, el padre Orlando Yorio, ya fallecido.

Por su parte, el sociólogo Fortunato Mallimacci, de la Universidad de Buenos Aires, dijo sobre Bergoglio:

“La historia lo condena: lo muestra como alguien opuesto a todas las experiencias innovadoras de la Iglesia, y sobre todo en la época de la dictadura; lo muestra muy cercano al poder militar”.

Mallimacci apoya su dicho en los testimonios de varios testigos y víctimas que relataron como Bergoglio no sólo no ayudó, sino que además perjudicó a numerosos sacerdotes y laicos que fueron secuestrados, torturados y desaparecidos.

Son principalmente cinco personas quienes hacen estas denuncias: un sacerdote, un exsacerdote, una teóloga, un seglar que incluso lo denunció ante el Vaticano y, finalmente, un laico que fue secuestrado por la dictadura.

Sobre lo anterior, Bergoglio siempre ha dicho que son falsas acusaciones. Y se apoya en el hecho de que, sobre el asunto, jamás se le abrió un proceso penal en su contra.

Más recientemente, en 2010, Bergoglio se enfrentó al gobierno de la presidenta Cristina Fernández, cuando ésta apoyó una ley para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. “Es la pretensión destructiva al plan de Dios”, decía Bergoglio.

Todos estos antecedentes no fueron obstáculo para su ascendente carrera eclesiástica: Bergoglio fue consagrado obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992; después fue nombrado arzobispo de esa misma arquidiócesis, en 1998; tres años después –en 2001– fue nombrado cardenal.

Por si fuera poco, Bergoglio ha sido en dos ocasiones presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

El hoy Papa también ha ocupado varios cargos en distintas congregaciones del Vaticano: forma parte de la Comisión para América Latina, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, así como de la Congregación para los institutos de Vida Consagrada.

Ya en 2005, cuando se realizó el cónclave para elegir sucesor del Papa Juan Pablo II, Bergoglio estaba considerado entre los candidatos con más posibilidades para asumir el llamado trono de Pedro, pero fue desplazado por Benedicto XVI.

Ahora releva justamente a Benedicto XVI, pero sus oscuros antecedentes están saliendo a relucir y seguramente serán una negra mancha en su papado que hoy inicia.
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