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lunes, enero 14, 2013

El PAN en blanco y negro


Padrón inflado
Corrupción y pugnas
Redistribuciones Videgaray

Julio Hernández López / Astillero

Inmerso en un cada vez menos sordo forcejeo interno, Acción Nacional ha ofrecido una pública revelación de algunos de sus peores vicios, al consignar que sólo dos de cada 10 militantes y adherentes con los que contaba mientras estaba en el poder decidieron volver a afiliarse al partido ya desalojado de Los Pinos. Según puede verse en ww1.pan.org.mx/PadronAN/ el Registro Nacional de Miembros del PAN contaba con (en números redondos) 354 mil activos y un millón 514 mil adherentes, dando un total de un millón 868 mil miembros. El nuevo padrón, depurado, quedó en 207 mil activos y casi 165 mil adherentes, para un total de 372 mil miembros (ayer mismo, ante las presiones internas y el amago de insubordinación de algunos panistas distinguidos, Gustavo Madero anunció que se abrirá una nueva oportunidad de afiliaciones, con ánimos restaurativos).

Las cifras crudas de este primer ejercicio oficial confirman en blanco y negro lo que durante la decena de poderío panista fue un secreto a voces: el antiguo partido de cuadros, apegado a una doctrina que privilegia la decencia, el civismo y la legalidad, fue convertido aceleradamente en una copia de los vicios que criticaba al Revolucionario Institucional en cuanto a maniobras fraudulentas para aparentar fuerza numérica pero, sobre todo, para definir candidaturas a cargos de elección popular mediante el uso de recursos públicos (las secretarías del gobierno federal y sus delegaciones en los estados convertidas en fuente de suministro de recursos y canonjías para incentivar ese inflado de padrones), el chantaje clientelar y el apabullamiento burocrático de los opositores internos.

La inapelable radiografía realizada a partir de la convocatoria directiva a una depuración del padrón panista tiene como telón de fondo la pugna feroz entre el calderonismo que pretende controlar al partido de blanco y azul y los opositores y críticos de la forma en que se condujo al PAN en el sexenio recién pasado (por cierto: el proceso de refrendo de militancias y adherencias proviene de un acuerdo que debía haber sido aplicado en 2008, pero fue pospuesto). De un lado están el propio Calderón, quien ha realizado varias reuniones de amigos con algunos de los colaboradores que tuvo en Los Pinos y que luego dejó sembrados en cargos legislativos importantes, y su esposa Margarita (a la que se pretende encaminar hacia la candidatura presidencial de 2018, previo paso por responsabilidades partidistas o camarales). La cabeza directa de la confrontación con el margarita-felipismo es el presidente del comité nacional panista, Gustavo Madero, quien sostuvo una relación muy tirante con FCH cuando éste aún estaba en el poder. Distanciada de ambos, sobre todo de Calderón, la ex candidata presidencial Josefina Vázquez Mota pretende asomarse al conflicto como una posible carta de convergencia cuando termine el periodo de liderazgo de Madero, aunque desde ahora el chihuahuense está apuntado en busca de ser nuevamente electo.

La pugna entre los dos bandos principales del panismo actual pretende fijar culpas y responsabilidades por la catástrofe electoral de 2006. Calderón intentó de inmediato impulsar la remoción de Madero y convocar a reformas estatutarias y sesiones de refundación, que en realidad lo que buscaban era rediseñar, aún desde el poder, el partido posterior al felipismo conforme a los intereses de este grupo. Madero resistió los embates y ha permitido y promovido que se extienda la visión profundamente crítica tanto del sexenio, que si tan bueno hubiera sido habría conseguido una reivindicación en las urnas, como específicamente del fondo y las formas usadas por el michoacano para imponer a personajes oscuros y menores en la presidencia del PAN, como sucedió con Germán Martínez y César Nava, y para someter a sus peculiares criterios la postulación de candidatos a cargos de elección popular.

Hasta ahora, Calderón ha quedado desplazado, a pesar de que la de por sí débil presidencia maderista ha resultado maltrecha en este proceso de exhibición de podredumbre interna que ha significado la depuración del padrón. No atendieron a ese llamado de reafiliación personajes como Vicente Fox, quien aprovechó el viaje para bajarse del panismo luego que se le pretendía someter a juicio interno y eventual expulsión por su papel contrario al PAN y abiertamente favorable a Peña Nieto y al PRI. Tampoco Diego Fernández de Ceballos, quien ha hecho saber que está en desacuerdo con la mayoría de las decisiones que se están tomando en su partido. Y otros panistas relacionados con Calderón también han pretendido desacreditar el ejercicio de reafirmación de militancias instruido por Gustavo Madero.

En tanto, el chihuahuense se ha convertido en un entusiasta elemento escenográfico en actos de pactismo realizados por Peña Nieto, al igual que el perredista Jesús Zambrano. En los hechos y por lo pronto, Madero ha prestado al PRI los servicios que Calderón pretendía asumir, con la reacción expresa de algunos de quienes representan a ese felipismo desfondado en el congreso (Ernesto Cordero, Javier Lozano, entre otros), en el sentido de que los acuerdos tomados por el dirigente del PAN en los pactos con Peña para reformas varias no significarán el sometimiento automático de diputados y senadores de blanco y azul a la hora de votar esas propuestas presuntamente planchadas con Madero.

Astillas

Luis Videgaray ha comenzado a calentar el ambiente relacionado con reformas fiscales: debe pagar más quien más gane, pretende ser la bandera inatacable con la que se vaya abriendo camino. Pero, como sabido es que el diablo está en los detalles, habrá de verse si estas propuestas significarán que las grandes empresas paguen sus impuestos justa y oportunamente, sin los históricos privilegios instaurados por el priísmo y sostenidos por el panismo, o sólo se está ante un revoltillo fiscal videgatopardista.

Y, mientras la Suprema Corte reabre el próximo 23 el tema de Florence Cassez, con un peñanietismo decidido a restañar heridas, de cara a futuras giras a Francia, ¡feliz fin de semana!
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