martes, octubre 16, 2012

Medios galos hacen eco de historias truculentas de francesas en México

Anne Marie Mergier / Apro

¿Enrique Peña Nieto y François Hollande tendrán tiempo de hablar de intercambios políticos, económicos y culturales entre los dos países durante su entrevista del próximo miércoles 17 en el Palacio del Elíseo?

Quizá no tanto.

Cada día los medios masivos de comunicación galos hacen eco de las “tragedias vividas por mujeres francesas en México” y de pedidos de ayuda dirigidos a François Hollande.

El presidente francés envió un mensaje público indirecto a Florence Cassez y a su familia cuando su compañera Valérie Trierweiler afirmó el pasado lunes 8, en el muy popular matutino Le Parisien, que apoyaba oficialmente a la reclusa de Tepepan.

Por otra parte, se sabe ahora que Hollande se comunicó telefónicamente con Cassez.

El domingo 7 empezó la campaña mediática de Maude Versini, quien denunció “el secuestro de sus hijos” por parte de Arturo Montiel, en un largo reportaje difundido por el canal privado M6. El pasado lunes 15 lanzó un SOS a los dos jefes de Estado en otro programa televisivo El Gran Ocho, del canal privado T8. “Ya es tiempo que se me haga justicia”, les dijo de cara a las cámaras.

En víspera de la llegada de Peña Nieto a París fue otra joven francesa desesperada, Ludivine Barbier, quien se dirigió a los dos mandatarios. Lo hizo a lo largo del martes 16, en entrevistas con el canal televisivo estatal F1 y privado M6, con las radioemisoras RTL privada, y France Info, estatal, y con los diarios Le Parisien, Libération y varios periódicos regionales.

Barbier, traductora de 32 años, está casada con Rodolfo Cázares, músico mexicano que se desempeñaba como director de orquesta del teatro de Bremerhaven (Alemania). Su caso fue ampliamente comentado por la prensa mexicana hace un año y medio.

El 9 de julio de 2011 la pareja se encontraba de vacaciones en Matamoros, Tamaulipas, en casa de la familia de Rodolfo, cuando un comando de hombres encapuchados y armados irrumpió en la residencia a las cuatro y media de la mañana. Secuestró a todos los presentes e igual hizo en otras dos casas de la misma familia. En total, 15 personas, incluyendo a menores de edad y un anciano, fueron llevadas a una casa de seguridad.

Tres días más tarde los criminales liberaron a las mujeres y los niños, y se quedaron con el suegro, los dos cuñados y el esposo de Ludivine. La familia pagó un rescate de 100 mil dólares en cuatro entregas. Después de la última se aprestaba a reunirse con los secuestrados, pero nunca aparecieron.

Según explica Ludivine a la prensa francesa, la familia Cázares acabó por entender que había sido víctima del cártel del Golfo. Empezó entonces un nuevo calvario para la joven traductora y su familia mexicana: obtener investigaciones policiacas y judiciales dignas de ese nombre.

“Llevamos 15 meses en eso y no pasa nada”, deplora Barbier en los medios galos. “No hay investigación. Las autoridades no nos hacen el mínimo caso. En México la única persona que realmente tomó mi historia a pecho fue Gerald Martin, cónsul general de Francia. Hasta la fecha, aquí, el Ministerio de Relaciones Exteriores no se movió mucho”.

Debería hacerlo. Rodolfo obtuvo la nacionalidad francesa en febrero de 2012, después de su secuestro, pero con efecto retroactivo al 6 de junio de 2011. Ese punto es importante porque Francia reconoce así que el músico mexicano ya tenía la doble nacionalidad cuando fue víctima del crimen organizado.

“Mucha gente autorizada me aconsejaba mantener un perfil bajo, ya que las relaciones diplomáticas entre Francia y México se habían tensado por el caso de Florence Cassez. Pero mi abogada, Sophie Thonon, me dijo que la única posibilidad de avanzar era mediatizar nuestra historia e interpelar a la autoridades políticas y judiciales francesas”, explica Ludivine Barbier a la corresponsal.

Lo logró. Hoy Rodolfo Cázares –que Patricia Philibert, presidenta de la asociación Rehenes del Mundo, considera como “rehén del silencio– ya salió de la sombra.

Al igual que Maude Versini, Ludivine Barbier escribió personalmente a Valérie Trieweiler, compañera de Francois Hollande, mientras que André Vallini, senador socialista, cercanísimo colaborador y amigo del presidente francés, ya abordó el tema con él.

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