martes, julio 31, 2012

"El capricho de AMLO"

Eduardo Ibarra Aguirre

Es “preferible un presidente interino que seguir en la inmundicia política”, proclamó Andrés Manuel López y aseguró, el jueves 26, que “hay suficientes pruebas para declarar la invalidez de la elección presidencial”. Llamó a que “nos preparemos para un presidente interino” y se convoque a nuevos comicios, lo cual “No debe causarnos ninguna inquietud, lo resiste el país” y el Congreso, con base en sus facultades constitucionales, nombre Ejecutivo interino y se llame a una nueva votación para elegir a un presidente que concluya el sexenio”.

Polémica, sin duda, es la propuesta del tabasqueño de Macuspana, para desenredar el nudo en que fue introducido el país tras los comicios del 1 de julio, pero la dirigencia del Revolucionario lo redujo a un problema de diván, “a los caprichos de un mal perdedor”, como hacían los dirigentes soviéticos en los años 70 y 80 con algunos disidentes. Advirtió que transitar el camino conduce al “resquebrajamiento de las instituciones” y constituye una “apuesta a la insensata ruptura institucional del país”.

Insensatez rupturista que está prevista en la ley de leyes a la que tantos honores rinden los dirigentes tricolores. Bien harían Enrique Peña y Pedro Joaquín en retomar el tono incluyente (“Ganó México”) y la humildad (Baltasar Garzón dixit) de la medianoche del domingo 1, cuando festejaron el presunto triunfo con Cielito Lindo como feliz final de una telenovela rosa, producida por el decisivo Grupo Televisa y ahora rechazada en calles y redes sociales por jóvenes, abuelos y bisabuelos. El viernes 27 concluyeron un bloqueo pacífico de 24 horas a las instalaciones del monopolio en 12 ciudades del país, y una irrupción en las transmisiones en vivo desde Londres.

Con ese tono de rasgarse las vestiduras por una propuesta que en definitiva resolverá el Tribunal Electoral, donde Peña y el tricolor disponen de aliados que los favorecen –como documentó Proceso–, no contribuyen al debate y pueden perder la batalla por la percepción ciudadana en torno a lo que quisieron vender, con el apoyo de brillantes y desacreditados intelectuales por sistémicos, como “elección impecable”. Tan impecable que, según la dirigencia priísta, AMLO rebasó su tope de campaña y dispuso de dinero público en abundancia.

Ya está exhibida la “trama internacional” de los fondos presuntamente ilícitos del PRI, triangulados en Estados Unidos, España, Israel e Italia, y que finalmente fueron depositados en Banca Monex para ser usados en la campaña de Peña Nieto. El esquema utilizado es similar, para Jaime Cárdenas, al que usa el crimen organizado.

Los dirigentes priístas cometieron un error al subestimar a José Luis Ponce de Aquino, autor de la denuncia original sobre la compra masiva de votos para Enrique Peña con dinero de procedencia ilícita, además el estadunidense calificó a Milenio Diario de “mentiroso” al atribuirle el uso de varios nombres. De pésimo encuestador que siempre dio ente 18 y 20 puntos de ventaja a EPN, a practicante de la mitomanía. Para fortuna de los socios de Televisa, cuentan con Leonardo Valdés, presidente del impugnado árbitro electoral, para justificar el uso de encuestas como instrumento de propaganda.

Pero no aprenden. Joaquín, el impulsor involuntario de #YoSoy132, insiste en su cantaleta del “capricho”, lo que seguramente en Peña Nieto es convicción filosófica por la silla presidencial. Y el resultado allí esta: López Obrador es declarado por el Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática “locomotora de la izquierda”, el Movimiento Progresista no muestra las anheladas fisuras y la movilización persiste en el ascenso y la diversificación.

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